30 sept. 2011

El egoísmo (III)

Si bien en mis anteriores entradas relacionadas con el egoísmo, critiqué duramente ciertas actitudes y comportamientos apreciados en el entorno que me rodea, hoy traigo una noticia que me dejó realmente impresionado.

Una chica mexicana de 32 años iba caminando por la calle de su pueblo, cuando notó una explosión y un impacto en su cara. La llevaron al hospital y descubrieron que tenía parte de una granada incrustada, sin explotar.

Está claro que lo que me produce una gran sorpresa, no es el impacto, la cicatriz con la que convivirá de por vida o que ocurran estas cosas en un día normal y corriente. Lo que más me ha llamado la atención es el valor, la generosidad y el compromiso del equipo médico que decidió operarla.

Existía un gran riesgo de que el artefacto explotase al manipularlo y los trajes antibombas propuestos por el ejército no facilitaban la labor de los cirujanos y equipo médico, ante lo cual decidieron operarla sin ellos.

 El riesgo es evidente, ya que de explotar, todo lo que se encontrase en un radio de 10 metros....adiós muy buenas... y a pesar de ello, pesó mucho más salvar la vida de la paciente.

Es digno de admirar lo que han hecho... esta mujer estaba deshauciada y le salvaron la vida. Seguro que tenían miedo, no lo dudo en ningún momento, pero seguro que alguno de ellos, incluso la mayoría, ni siquiera lo dudo un instante.

Dejo con esta entrada mi granito de arena, ya que no quiero que estos héroes caigan en el olvido.

 
   
   
   
   
   
   
   
   


20 sept. 2011

Hermanos de sangre


Tengo un hermano, que en realidad no lo es. En realidad somos primos… aunque no lo seamos.

Nuestras abuelas eran primas, lo cual nos deja a nosotros en un lugar lejano, dentro del parentesco, pero… somos hermanos.

Lo quiero con locura, porque es muy especial. Porque siempre lo ha sido y porque estoy convencido de que siempre lo será.

La vida nos ha ido separando un poco con el paso del tiempo, algo que por otra parte es normal y pasa mucho. Pero siempre nos vuelve a acercar de vez en cuando y es como si el tiempo no hubiese pasado.

Es una persona muy especial, siempre con una sonrisa en la boca, independientemente del estado de ánimo o las dificultades que esté afrontando en ese momento. Ahora mismo las dificultades son a nivel laboral, pero su sonrisa siempre permanece intacta.

Es capaz de decirte muchas cosas, sin ni siquiera pronunciar una palabra. Es un pilar estable, que siempre está ahí para todo el mundo, que siempre levanta la mano el primero y no puedo más que agradecer que me considere su mejor amigo.

Nuestra vida está llena de anécdotas juntos. Hemos vivido muchas cosas a lo largo de los años y recordarlas de vez en cuando, te hace darte cuenta de lo especial que es esta relación, de lo mucho que nos une.

Es la única persona que sigue en mi vida desde que éramos unos críos, que ha vivido a mi lado cada momento de mi vida. Es la primera persona que me viene a la cabeza cuando hablo de la amistad.

Nuestros primeros amores: Recuerdo cuando tenía unos 11 o 12 años y estaba en su casa escribiendo una carta de amor a una chica que había conocido. También lo tontorrón que se puso cuando le gustó una chica por primera vez y las ganas que siempre tuvo de tener novia.

La primera salidas.- Nunca olvidaré la primera vez que le dejaron salir de fiesta hasta tarde… los bailes a lo Carlton, la mirada de ilusión en su rostro.

El fútbol.- La cantidad de fines de semana, de entrenamientos, de partidos, victorias y derrotas. Los torneos de fútbol sala en verano, toda la madrugada.

Los desastres amorosos.- Siempre estuvimos ahí el uno para el otro, por más que las cosas del corazón nos diesen la espalda de vez en cuando.

El primer coche.- Buf, lo que disfrutamos con aquel Ford Fiesta. Debería haber una ley que obligase a conservar el primer coche, como símbolo del paso a la madurez.

El primer trabajo, la universidad, el paso a la edad adulta, los problemas de “mayores”… incluso el matrimonio, cuando decidió dar el paso….

Le quiero mucho, muchísimo. Hay lazos que son tan fuertes como los de la sangre, o más…

Es mi hermano y siempre estaremos juntos, aunque nos separe un millón de kilómetreos de distancia.


Feliz cumpleaños amigo, primo, hermano.


Hay muchísimas canciones que podría poner aquí, pero sin ser la más maravillosa, ni la que más recuerdos nos puede traer, dice cosas con tanto significado... que es la que mejor expresa lo que eres para mi.






12 sept. 2011

Tachones


Me independicé hace 4 años, dejando atrás la casa de mis padres para comenzar una nueva aventura.

Es complicado meter tu vida en cajas y llevártela contigo, como un caracol, por lo que muchas de mis cosas se quedaron en casa de mi madre.

Hace poco, me pasé por allí y al ver muchas de esas cajas, no pude reprimir el gusanillo y estuve echando un ojo… así que me llevé unas cuantas cosas. El resto sigue estando allí… quién sabe por cuánto tiempo.

Una de las cosas que me llevé, fue una caja de zapatos llena de cartas, cartas de hace más de diez años.
Estos días he estado leyendo alguna de ellas, sorprendiéndome de los problemas existenciales de mis amigos, incluso de los míos propios. Problemas académicos, con los padres, con otros amigos y sobre todo, el tema estrella… el amor.

Más allá de lo relativo que puede ser el punto de vista que se tiene sobre la vida, en función de la edad que tengas… hay algo que tienen esas cartas, que las hace muy especiales. Los tachones.

Hoy en día vivimos en un mundo absolutamente tecnológico, en el que comunicarse por el móvil o con un ordenador, es lo más normal. Si bien es cierto que es mucho más cómodo y facilita la inmediatez, la fluidez, la frecuencia, etc, se ha perdido mucho encanto.

Escribir de tu puño y letra algo hace que dejes tu sello, tu esencia. Se manifiesta tu estado de ánimo de otro modo, más natural. Cuando el subconsciente te traiciona y escribes una palabra en lugar de otra… pero te das cuenta y la tachas. Tachón entre paréntesis…. Hoy en día ya no existe eso.

Los correos son más pulcros, si te equivocas, corriges y ese error… es como si nunca hubiese existido. Ese es uno de los síntomas de la comunicación más impersonal que existe hoy en día.

La letra de cada uno, como hacemos las a, o como hacemos las l, si le ponemos barriga a la g, o a la j…. cada día escribimos menos a mano. En aquella época, yo reconocía la letra de mis amigos, incluso la de los compañeros de clase. Hoy en día, no sé reconocer la letra de compañeros con los que llevo trabajando 6 años.

Quitando alguna postal, muy de vez en cuando… no recuerdo cuándo fue la última vez que recibí una carta manuscrita. Lo único que recojo del buzón, son facturas y publicidad.

Hubo una época en la que la llegada de cartas al buzón, producía un gusanillo en el estómago, por la duda de si alguien me habría escrito. Ese tiempo ya acabó, se fue… para no volver.


9 sept. 2011

Hace 7 años...


Hace hoy 7 años fue un día largo, muy largo.

Como siempre en aquellos exámenes, jugabas con el tiempo a tu antojo. La única hora obligatoria era la de las 10, hora del examen práctico, después… horas de angustia, de últimos repasos, de miradas perdidas, de cansancio que se iba acumulando.

Acabé el examen práctico y me fui a un aula a darle una nueva vuelta de tuerca a los apuntes, tanto que se me hizo tarde hasta para comer un bocata en la cafetería.

El problema de los exámenes orales, es que no te puedes hacer una idea exacta de a qué hora te tocará, puesto que los que van antes que tú pueden acabar en un santiamén, por no saber lo que les preguntan o bien pueden extenderse durante un buen rato, demostrando sus amplios conocimientos de la materia. Estás, por tanto, obligado a acercarte por la sala de torturas, con antelación suficiente para que no te coja el toro.

Fui de los últimos, por no decir el último. Me crucé con un compañero en la puerta al patíbulo, desconsolado, diciéndome lo que le habían preguntado y con esa ansiedad extraña que a uno le entra, todavía le eché un ojo a una de las preguntas que le habían formulado, puesto que en ese momento me dio la sensación de no acordarme.

Cuando entré y saqué las bolitas de los temas, me di cuenta de que ese fugaz repaso que acababa de realizar, podría haberme dado un aprobado que acabase con esa tortura que duraba ya varios años. Así fue. La misma pregunta, ya que ese tema no daba mucho más de si.

Me salió un gran examen. Cuando salí por la puerta, estaba convencido de que aprobaría.
Pasaban los días y la espera estaba convirtiendo esa sensación de esperanza, en una agonía por la incertidumbre. Lo que pensaba haber hecho tan bien, ya me daba la sensación de no haber sido completamente correcto.

Unos 10 días después, llamé a la universidad y me dijeron que sí, que ya estaban publicadas las notas. En aquella época, algo del todo incomprensible, no se publicaban las notas por internet, por lo que me cogí un autobús y me fui en busca de mi resultado.

Soy una persona tranquila, por norma general, que no se altera por estos temas, ni tampoco por otros, pero estaba nervioso.

Subiendo en el ascensor, mi estómago decidió comenzar a doler, intensamente. 

Llegué a ese pasillo, y me fui acercando a las vitrinas. Estaba sólo allí.

Siempre fui capaz de localizar en las listas a mis compañeros y a mí mismo, antes que ellos encontrasen siquiera la lista y esa vez no fue una excepción.

Allí estaba mi nombre.

Allí estaba la nota.

Allí estaba mi notable en Dcho. Financiero y Tributario II.

Allí y en aquel momento, había acabado la carrera.

Han pasado ya 7 años desde aquel examen. A estas horas, en 2004, estaba en un aula, con 400 hojas de apuntes, un código y un manojo de nervios.

No soy la misma persona y en cierto modo lo añoro. Echo de menos a aquel chico que tenía un millón de sueños y cosas por hacer. Seguramente si desde aquella aula pudiese verme a mí mismo 7 años después, habría estado contento con lo que veía….o no. He ganado cosas, pero también he perdido muchas otras.

Desde aquel asiento en la grada de mi clase, llamé a un amigo para felicitarle el cumpleaños. Hoy no lo llamaré, porque ya no está en mi vida, pero sé que es su cumpleaños y sé que aquel día, uno de los más importantes de mi vida, hice un paréntesis para felicitarle. Probablemente él no lo recuerde…

La vida está llena de momentos importantes; recordarlos, en ocasiones puede hacer que los revivamos y no desaparezcan.