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12 sept 2011

Tachones


Me independicé hace 4 años, dejando atrás la casa de mis padres para comenzar una nueva aventura.

Es complicado meter tu vida en cajas y llevártela contigo, como un caracol, por lo que muchas de mis cosas se quedaron en casa de mi madre.

Hace poco, me pasé por allí y al ver muchas de esas cajas, no pude reprimir el gusanillo y estuve echando un ojo… así que me llevé unas cuantas cosas. El resto sigue estando allí… quién sabe por cuánto tiempo.

Una de las cosas que me llevé, fue una caja de zapatos llena de cartas, cartas de hace más de diez años.
Estos días he estado leyendo alguna de ellas, sorprendiéndome de los problemas existenciales de mis amigos, incluso de los míos propios. Problemas académicos, con los padres, con otros amigos y sobre todo, el tema estrella… el amor.

Más allá de lo relativo que puede ser el punto de vista que se tiene sobre la vida, en función de la edad que tengas… hay algo que tienen esas cartas, que las hace muy especiales. Los tachones.

Hoy en día vivimos en un mundo absolutamente tecnológico, en el que comunicarse por el móvil o con un ordenador, es lo más normal. Si bien es cierto que es mucho más cómodo y facilita la inmediatez, la fluidez, la frecuencia, etc, se ha perdido mucho encanto.

Escribir de tu puño y letra algo hace que dejes tu sello, tu esencia. Se manifiesta tu estado de ánimo de otro modo, más natural. Cuando el subconsciente te traiciona y escribes una palabra en lugar de otra… pero te das cuenta y la tachas. Tachón entre paréntesis…. Hoy en día ya no existe eso.

Los correos son más pulcros, si te equivocas, corriges y ese error… es como si nunca hubiese existido. Ese es uno de los síntomas de la comunicación más impersonal que existe hoy en día.

La letra de cada uno, como hacemos las a, o como hacemos las l, si le ponemos barriga a la g, o a la j…. cada día escribimos menos a mano. En aquella época, yo reconocía la letra de mis amigos, incluso la de los compañeros de clase. Hoy en día, no sé reconocer la letra de compañeros con los que llevo trabajando 6 años.

Quitando alguna postal, muy de vez en cuando… no recuerdo cuándo fue la última vez que recibí una carta manuscrita. Lo único que recojo del buzón, son facturas y publicidad.

Hubo una época en la que la llegada de cartas al buzón, producía un gusanillo en el estómago, por la duda de si alguien me habría escrito. Ese tiempo ya acabó, se fue… para no volver.