30 nov. 2009

Aromas

No creo que sea una persona muy sensitiva, al menos no de manera especial, sin embargo hay algo que me marca profundamente a pesar de mi rinitis (no diagnosticada oficialmente), y eso son los olores.

Hay olores claramente identificados, como son los de las comidas, los de los perfumes, el olor natural de nuestra piel...

Es realmente increíble como un aroma puede evocar vivencias del pasado, épocas determinadas de nuestra vida, lugares...

A mi realmente me ocurre y me parece increíble. He vivido lo que es encontrarme con una persona y al oler su perfume, viajar en el tiempo a más de 10 años atrás, recordando claramente una tarde en una cuidad distinta, las sensaciones vividas en un período tan lejano, etc, cosas que no estaban presentes en mi mente desde hacía años y el elemento causante es un aroma, un olor, no una conversación o una imagen.

Es cierto que también nos pasa con algunas canciones, que claramente asociamos a un momento de nuestras vidas, sobretodo a los veranos("Vivir sin aire" verano '94; "these days" y "vulnerable" verano '95; "corazón partío" verano '98; ... y mil más).

De todas formas, ni una canción, ni una foto, provoca en mi las sensaciones que provoca un olor determinado, realmente me siento transportado por unos instantes a ese recuerdo y casi me siento como aquella persona que lo vivió.

También pasa con épocas del año, es más, acaba de pasarme hace tan sólo unos días, cuando al salir del trabajo, con las primeras tardes de frío, sentí claramente el olor a Navidad y ese momento es especial. No había pensado en ello, los días pasan, entre trabajo, clases y cosas varias uno no se da ni cuenta de en qué momento vive y sin embargo, en ese preciso momento, cuando entró en mis pulmones el fresco de la tarde, automáticamente sentí la Navidad, pensé en ella, como si ese aroma me la trajese directamente a mi mente, porque así fue. De golpe pasaron por mi mente imágenes de balcones adornados con luces de colores, gente sentada alrededor de una mesa con un montón de comida y dulces, gorros de papa noel, centros comerciales abarrotados, bufandas y gorros de lana... en apenas unos segundos, como quien copia en un pendrive los archivos de un ordenador, pasó por mi mente todo eso, la verdad es que me sigue sorprendiendo año a año.

También me pasa en primavera, con las primeros atardeceres cálidos. De repente una tarde, casi sin avisar, hueles el verano, hueles como se acerca, como sientes el aroma del mar, de las terrazas, de las noches calurosas, es realmente mágico.

No se si es algo que le pasa al resto de la gente, al menos se que hay una persona que lo vive como yo, que también comparte eso de "huele a navidad", que también siente la cercanía del otoño, cuando en los últimos días de agosto aparece una tarde fresquita que te obliga a ponerte una chaqueta, el otro día cuando sentí ese olor navideño, sabía que en algún otro lugar también había una persona ensanchando sus pulmones y dejandose llevar por sensaciones entrañables.

15 nov. 2009

Camino de Madrid

Hace un año por estas fechas volví de Madrid, para regresar a "miña terra galega". La verdad es que me costó la vuelta, mucho, más de lo que cualquier cambio de residencia anterior. No era solamente por volver, había muchas más cosas en aquel momento que rondaban por mi vida, provocando la mayor época de inestabilidad que he vivido.

Afortunadamente las cosas parecieron ir volviendo a retomar su sitio, unas para mejor, otras quizás no tanto e incluso algunas, para simplemente volver a dónde estaban. Un año después he vuelto a Madrid.

Apenas estuve unas horas, pero fueron suficientes para refrescar en mi sensaciones que había dejado atrás, recuerdos de lo vivido y también, curiosamente, de lo no vivido.
Para mi Madrid significa muchas cosas, de todo tipo. Viví grandes expectativas, pero también grandes decepciones, me sentí muy bien en muchos momentos, pero en otros creí tocar fondo. Madrid siempre será para mi algo muy bueno, pero muy extraño a la vez, ya que allí gané muchas cosas, pero perdí otras de más valor.

Un año después, sus calles siguen igual, su olor, sus rascacielos, su "impersonalidad", su anonimato, su vida, la verdad es que nunca me cansaré de caminar por sus calles, sin embargo, sé que nunca podré hacerlo sin pensar en ese tiempo que estuve allí, sin pensar en todas las cosas que íbamos a hacer y sin embargo se quedaron en el cajón, eso me hace un nudo en el estómago que será dificil que algún día desaparezca. Me queda el sabor amargo de no haber hecho todo lo que íbamos a hacer y, a la vez, la sensación de que ya es tarde para hacerlo, la sensación de que Madrid siempre será un lugar a medias para mi.

Ahora toca cambiar otra vez, en unas semanas toca mudanza y toca, probablemente, un nuevo cambio de sensaciones, de vivencias. Si sigo en dónde estoy, probablemente el cambio sea muy sutil, pero si decido irme a vivir a Vigo, el cambio sea más profundo. Los que me conocéis sabéis perfectamente que me gustan las ciudades, con su vida, su gente por las calles y es probable que me sintiése mejor allí. Aún así, hay cierto temor dentro de mi, a volver a vivir esas sensaciones de vivir las cosas a medias. De todos los planes que monté en mi cabeza hace un año por estas fechas, no son muchos los que se han cumplido, siempre me fijo metas, pero el no llegar a todas provoca esa sensación de estar incompleto.

Espero que estas sensaciones que me asaltan a veces, desaparezcan algún día y de ese modo, pueda disfrutrar de los logros conseguidos, en lugar de lamentar aquellos que no se alcanzan.

"Me acuerdo de ti, camino de Madrid..."