24 sept. 2010

Sobre lo anti

Os dejo un artículo de Juanma Iturriaga, que plantea una visión muy interesante sobre nuestra sociedad, en la que todo tiende a los extremos.

No me gustaba el juego de EEUU, luego soy antiamericano
No me gustaba el juego de España, luego soy antiespañol
Critiqué el fichaje de Mourinho en fondo y forma, luego soy antimadridista
Fui jugador del Real Madrid, luego soy anticulé
Pienso que Claver está verde y Marchena a veces se le iba la pierna, luego soy antivalenciano
Me parece bien que Carlos Suarez vaya al Madrid, luego soy antiestudiantes y antiequipos pequeños
No me gusta la parafernalia militar, luego soy antimilitarista
Abogo por otro tipo de energías, luego soy antinuclear
Recomiendo el uso de anticonceptivos, luego soy anticatólico
Creo que Israel hace de vez en cuando auténticas salvajadas, luego soy antisemita
El pañuelo por obligación en la cabeza de las mujeres me parece discriminatorio y hasta vejatorio, luego soy antiislamista
El llamado “mercado” me pone los pelos de punta, luego soy anticapitalista
Soy del Athletic, luego soy anti-Real
Me sigue gustando Paco González, luego soy anti-SER
Trabajo en la Sexta, luego soy anti-Grupo Prisa
Trabajo en el Grupo Prisa, luego soy anti-Sexta
No soy del PP, luego soy anti-PP
Creo que el PSOE no lo está haciendo bien, luego soy anti-PSOE
Esquío, luego soy anti-snow
No me gustan los toros, luego soy antitaurino
A veces se me cuela un envase en el cubo de la basura orgánica, luego soy antiecológico
Leo El Pais, luego soy anti-El Mundo
Me gusta Messi, luego soy anti-Ronaldo
La globalización tiene sus inconvenientes, luego soy antiglobalización
No soy nacionalista, luego soy anti-nacionalista
Uso Mac, luego soy anti-PC

¿Cómo puedo ser tantas veces anti y no estar loco? Porque resultan indiscutibles todas estas premisas. El que detrás de una crítica, una inclinación o un posicionamiento no vea mala intención, prejuicios y resentimientos hacia las otras opciones es que no comprende nada. Los pros y los contras siempre esconden un anti.

Pues va a ser que no. Cierto que se nos está empujando hacia eso, que las posturas no extremas o contundentes se asocian a la debilidad, que muchas veces nos obligan a tomar partido sin que tengamos intención ni veamos necesidad de hacerlo, pero me niego a ello. Me niego a que de una opinión se saque un tratado, que de una postura se tengan que derivar automáticamente otras muchas.

Dicho esto con la nula esperanza de que todos aquellos ven antis en donde solo hay discrepancias reflexionen sobre lo exageradas, partidistas y ventajistas que resultan muchas veces sus posturas.

15 sept. 2010

El otro lado de la cama

Tengo una teoría, que ya conoce la gente que me rodea y es que el ser humano no está creado para que duerma en la misma cama que otro. Me explico…

Para dormir, lo que se dice dormir a gusto y bien, uno necesita dormir sólo, sin duda la mejor opción. Está muy bien lo de dormir con tu pareja, o tu rollete (esto quizás no tanto, igual es mejor que se pire... no sé), incluso con algún amigo o amiga si se da la circunstancia, pero lectores… uno cuando mejor duerme es cuando duerme sólo.

Cuando uno tiene pareja, ya sea estable o temporal (en el sentido más amplio que le podamos dar a la palabra temporal), suele compartir cama con ella. En un principio sólo de vez en cuando y con el tiempo, es posible que a diario. A ver… eso está muy bien al principio, pero después… es un coñazo.

Mientras es sólo de vez en cuando, pues mira, da igual. Lo das por bueno, es diferente, es especial. Pero cuando se convierte en algo diario, o más habitual… uno se da cuenta que el mejor momento es cuando tu pareja se levanta y te deja toda la cama para ti solito.

Y es que a mí me gusta, como al que más, lo de los arrumacos y que en las noches de invierno el sueño te atrape mientras te abrazas a tu pareja, sobre todo después de pasar un buen rato, cómo no! Pero eso que es tan bonito, dura un tiempo concreto. Después cada uno llega a su cita con Morfeo y sus sueños y realmente sólo comparte con la otra persona espacio en la cama, un espacio en cierto modo reducido.

Que tu pareja se quede dormida sobre tu pecho, me parece muy tierno… durante un rato. Después el brazo se queda dormido, uno empieza a estar incómodo y es un rollo darse la vuelta y buscar una postura cómoda para dormir. Un rato está bien, pero no toda la noche, eso no es para mí. A todos nos gusta compartir cama… pero al principio, cuando realmente queremos dormir a gusto, mejor solos.

Aunque no sea nada romántico decirlo, el ser humano está hecho para dormir sólo.

10 sept. 2010

Hábitos de lectura

Me gusta leer, desde siempre. Creo que el primer libro que me enganchó siendo un crío fue “La isla del tesoro”, que a pesar de ser “gordo” me enganchó e hizo que mis miedos a tantas páginas fuesen desapareciendo conforme iba leyendo. Por aquel entonces debía tener 12 o 13 años.

Hasta que empecé a trabajar, me leía uno o dos libros al mes, pero después la cosa cayó en picado y acabar un libro se prolongaba durante meses. No podía dedicarle tanto tiempo y leía un poco cada día, o cada dos días, o cada semana…

Este verano ha sido diferente. Me he leído el final del segundo libro de Millenium y el tercero entero en apenas dos semanas. Me ha enganchado muchísimo y me lo he devorado enterito… un poco en la playa, un poco en casa… un poco en todas partes. Me ha encantado volver a tener esa sensación.

De todos modos el motivo de esta entrada no es contar mis gustos literarios, eso, si se tercia lo haré en un futuro, ya que no sé si le interesa a alguien. El motivo de esta entrada es para contaros en dónde se encuentra uno de mis lugares “favorito” para leer.

Me encanta leer en el baño, sí, lo reconozco. En mi anterior casa tenía incluso un revistero, ahora simplemente tengo unas cuantas revistas por ahí y el libro con el que esté en ese momento.

Los que me conocen, ya lo saben, porque ha sido así desde siempre. Me parece que es desperdiciar el tiempo ir al baño sin nada a lo que echar un ojo mientras tanto.

Es algo que hacía ya de crío. Me llevaba los apuntes al baño para seguir estudiando allí, así iba alternando sitios. En la universidad igual… y no era el único.

A algunos les sorprenderá, pero yo no le veo nada de malo, al contrario, estoy muy orgulloso de aprovechar mi tiempo, en lugar de estar mirando al aire. Al fin y al cabo, lo importante es que la gente lea... no?

3 sept. 2010

El síndrome de Pancho

Después de explicar cómo fueron mis veranos en la adolescencia, hoy explicaré lo que llamo como el “síndrome de Pancho”.

Como he dicho en alguna otra entrada, septiembre es, para mí, el peor mes del año. Es un mes muy triste y deprimente, demasiado nostálgico. Y lo es por el llamado síndrome de Pancho.

Cuando el verano tocaba a su fin y sus padres tenían que reincorporarse a sus puestos de trabajo, nuestros amigos veraneantes tenían que volver a sus lugares de origen, a retomar su rutina de vida. Aunque separarse siempre era duro, ellos tenían algunos alicientes y es que volvían a ver a sus amigos de todo el año, después de uno o dos meses sin verlos.

El problema era para aquellos que nos quedábamos, ya que no había amigos nuevos a los que ver, simplemente esperar a que pasase rápido septiembre para volver a las clases y allí sí, volver a ver a aquellos compañeros que no veíamos desde junio. Pero mientras tanto… había que superar el mes de septiembre, sin mucho que hacer, con los días más cortos, con las primeras noches fresquitas, con una tristeza en el ambiente, que parecía que no pasaba nada.

Ese es el llamado síndrome de Pancho, que era aquel personaje de Verano Azul, que era el único que era del pueblo al que iban todos de vacaciones. Pancho seguía trabajando en el pueblo mientras sus amigos se iban a la playa, pero aprovechaba para hacer cosas con ellos en su tiempo libre. Sin embargo, llegado el final del verano, todos se iban y Pancho se quedaba allí, mientras sus amigos volvían a la capital, en dónde seguían viéndose. Pancho no. Pancho no les volvería a ver hasta el año siguiente, mientras seguía pasando por el mismo pueblo, por las mismas calles y mismas playas, en las que un tiempo atrás habían compartido tantas cosas.



Para alguien tan nostálgico como yo, siempre es preferible se el turista, que no el Pancho de turno. No he tenido (hasta que he sido adulto y me he ido fuera a vivir), esa sensación tan especial que tendrían mis amigos el primer día de vacaciones, cuando estaban llegando al pueblo, después de 10 u 11 meses sin verlo. Cuando veían por la ventanilla del coche acercarse su destino. Esa ilusión por ver, después de tanto tiempo a tus amigos, con los que habías mantenido el contacto por carta. No lo he vivido y, en parte, me hubiese gustado.

A mí me ha tocado ser siempre Pancho…