Esta entrada es la primera parte de lo que voy a llamar “crítica social”, porque hay cosas que me provocan asco y una es el punto al que llega el egoísmo humano.
Todos somos egoístas, en mayor o menor medida. Todos buscamos ser felices y en cierto modo ese es el motor de nuestra vida.
Unos lo consiguen siendo amados, adquiriendo muchas cosas, teniendo más que los demás. Otros justo lo contrario, son más felices cuanto más aman, más dan o más piensan en los demás antes que en si mismos.
Desde mi punto de vista, el fin es el mismo, ser feliz y, cada uno, lo es a su manera.
Yo hablo de otro egoísmo, el que significa pensar en mis “necesidades” antes que en las de los demás, el que no entiende que “la libertad de uno acaba justo donde empieza la de los demás”, ese que lleva a no pensar en los demás, sólo en uno mismo.
Soy fumador, desde hace mucho tiempo, aunque he estado unos años alejado de este vicio. Soy fumador, pero entiendo a aquellos que no lo son. Soy fumador y estoy de acuerdo con la nueva ley.
Si los fumadores fuésemos más respetuosos, más educados, diésemos comprensión con la misma facilidad que la reclamamos, no se hubiese llegado a este punto. A nuestra mala educación, en general, se debe que haya que regular estos temas. Yo estoy de acuerdo… aunque lo sufra.
De todos modos, la entrada no es sobre la ley anti-tabaco, no. Mi entrada es sobre el egoísmo.
No hay mayor imagen para evocar el egoísmo del que hablo, que la que pude ver hace un par de días al llegar a casa, mientras pasaba por delante de la cafetería que tengo al lado.
En esa cafetería, como en la mayoría, últimamente, han puesto un par de mesas en la terraza, para aquellos que quieran fumar. Sólo una, de las dos mesas estaba ocupada.
Eran las 8 de la tarde, habría 5 grados aproximadamente y allí estaba una madre con su niño pequeño, de unos 4 años, embutido en un abrigo, con una bufanda y un gorro, helándose de frío, mientras ella apuraba su cigarro, calmando sus ansias y en paz con el mundo, viviendo su momento de gloria.

¿Hasta tal punto llega el egoísmo humano?, ¿Se puede ser más ruin?, Si la respuesta es que sí, y no hace falta respuesta visto el ejemplo, cada día me avergüenzo más de la condición humana.
Aguántate las ganas, haz lo que quieras, pero al menos piensa en tu niño antes que en ti misma, mala madre.
Hay un viejo refrán que dice: “Dios le da pan, a quien no tiene dientes…”
Continuará….