Escúchame si estás ahí, quiero que sepas
que está canción nace de ti, por ser la dueña...
la dueña de mi inspiración, la que despierta en mi la voz,
dando sentido a todo lo que no lo tiene
me paro en este renglón, para decirte
que te quiero...
Escuchame si estás ahí, quiero que sepas
que sigo aquí, sintiendote con este miedo...
porque no aguantes y el corazón se te distraiga por momentos
y te olvides de mi...
que envidiosa la distancia, también quiso formar parte de lo nuestro.
Y ahora, que mi canción te toca, que tiembla de emoción,
que sus palabras vuelan como locas a extrañarte,
y ahora si vés cómo te lloran...
acuérdate de mi...
necesito tanto verte....
Escuchame si estás ahí, quiero que sepas
que no te olvido, que no hay distancia que nos detenga,
que a veces caigo en el recuerdo de tus manos con mis dedos
y me hace sonreir...
así me siento feliz dentro de esta tristeza
Y ahora, que mi canción te toca, que tiembla de emoción,
que sus palabras vuelan como locas a extrañarte,
y ahora si vés cómo te lloran...
acuérdate de mi...
necesito tanto verte....
No te preocupes mi vida, camina tranquila,
lo sé, no hace falta que lo digas, lo sé,
sí, lo sé, sí, lo sé....
Y ahora si vés cómo te lloran, acuérdate de mi...
necesito tanto verte....
23 jul 2009
5 jun 2009
Tarde de viernes
Cómo me gustan las tardes de viernes... todo es más distendido, la gente tiene otro humor y parece que el mundo va a otra velocidad.
Es tiempo para conversaciones más auténticas, más relajadas, para tomarse un respiro después de finalizar la semana, lo que queda por delante es ocio y descanso, una perspectiva de dos días por delante para dejarse llevar. El sábado se va en un vuelo y el domingo... es agonizante, con el estilete sobre nuestras cabezas, amenazando con una nueva mañana de lunes, somnolienta y perezosa.
En estas tardes de viernes, en estas charlas más relajadas, aprecias todo con más detalle, son charlas en las que se mira más a los ojos, se escucha más a la otra persona y un café con un cigarro saben mucho mejor. Es en estos días cuando me doy cuenta de lo mucho que me gusta una buena charla, sin prisas, con contenido, dejando que el tiempo te atrape, intercambiando opiniones, puntos de vista, reflexiones, en definitiva, arreglando el mundo.
Creo que es cómo si en estas tardes todos dejásemos un poco de lado, nuestra parte individualista y nos sintiésemos más sociales, miembros de algo más allá de nuestras narices, eso me gusta, me atrae, une y eso gratifica, ya que uno se siente mejor.
A todo esto hay que sumarle algo significativo, el verano. Si una tarde de viernes me encanta, sumándolo a las noches de verano, con su olor tan especial, con ese calor en la piel, con el ambiente de las terrazas, realmente es algo que sana el espíritu. Me gusta que los lugares tengan vida, que las calles tengan gente y las terrazas estén llenas. Por eso me encantaba ir a Callao, a Gran Vía, o la puerta del Sol los viernes, por la vida que se respiraba en las calles, sin embargo, las noches de verano en Galicia tienen algo especial y es su olor, olor a naturaleza, a niñez, a vacaciones, a trasnochar, a los primeros amores, es algo especial, muy especial.
Sin duda estas primeras noches de calor de la primavera, son el momento que más me gusta de todo el año, porque al igual que los viernes con respecto al fin de semana, anticipan lo que está por llegar... el sonido de mar......... la piel cálida después de un día de playa........ su aroma después de acariciarlas de crema solar.....el fresco corriendo entre nuestros pies desnudos.......
Hoy es viernes y por unos instantes me he transportado a otro tiempo y he evocado sensaciones que empiezan a cobrar sentido en esta época del año, es algo que no cambia año a año y ojalá que siga siendo así.
Cómo diría ese personajillo tan especial, "ya huele a verano"
Es tiempo para conversaciones más auténticas, más relajadas, para tomarse un respiro después de finalizar la semana, lo que queda por delante es ocio y descanso, una perspectiva de dos días por delante para dejarse llevar. El sábado se va en un vuelo y el domingo... es agonizante, con el estilete sobre nuestras cabezas, amenazando con una nueva mañana de lunes, somnolienta y perezosa.
En estas tardes de viernes, en estas charlas más relajadas, aprecias todo con más detalle, son charlas en las que se mira más a los ojos, se escucha más a la otra persona y un café con un cigarro saben mucho mejor. Es en estos días cuando me doy cuenta de lo mucho que me gusta una buena charla, sin prisas, con contenido, dejando que el tiempo te atrape, intercambiando opiniones, puntos de vista, reflexiones, en definitiva, arreglando el mundo.
Creo que es cómo si en estas tardes todos dejásemos un poco de lado, nuestra parte individualista y nos sintiésemos más sociales, miembros de algo más allá de nuestras narices, eso me gusta, me atrae, une y eso gratifica, ya que uno se siente mejor.
A todo esto hay que sumarle algo significativo, el verano. Si una tarde de viernes me encanta, sumándolo a las noches de verano, con su olor tan especial, con ese calor en la piel, con el ambiente de las terrazas, realmente es algo que sana el espíritu. Me gusta que los lugares tengan vida, que las calles tengan gente y las terrazas estén llenas. Por eso me encantaba ir a Callao, a Gran Vía, o la puerta del Sol los viernes, por la vida que se respiraba en las calles, sin embargo, las noches de verano en Galicia tienen algo especial y es su olor, olor a naturaleza, a niñez, a vacaciones, a trasnochar, a los primeros amores, es algo especial, muy especial.
Sin duda estas primeras noches de calor de la primavera, son el momento que más me gusta de todo el año, porque al igual que los viernes con respecto al fin de semana, anticipan lo que está por llegar... el sonido de mar......... la piel cálida después de un día de playa........ su aroma después de acariciarlas de crema solar.....el fresco corriendo entre nuestros pies desnudos.......
Hoy es viernes y por unos instantes me he transportado a otro tiempo y he evocado sensaciones que empiezan a cobrar sentido en esta época del año, es algo que no cambia año a año y ojalá que siga siendo así.
Cómo diría ese personajillo tan especial, "ya huele a verano"
7 may 2009
Sueños rotos
Aunque parezca que lo que voy a escribir son los lamentos que emanan del alma por ver el tiempo transcurrir, en este caso no se trata de eso. Son reflexiones profundas, quizás amargas, pero no suponen caer en la dejadez, en la rutina, en el darse por vencido. Al menos no lo son conscientemente.
Estoy en un momento en el que creo que puedo hablar con mayor perspectiva, hay un camino por delante, pero también hay un camino recorrido. En estos momentos, cuando la vida va pasando día a día, hora a hora, me doy cuenta de que ya no hay tantas cosas nuevas por descubrir, hay muchas, cierto, pero ya no tantas como había tiempo atrás.
Recuerdo con nostalgia aquellos atardeceres de viernes, cuando la gente se echaba a la calle, cuando todo parecía cobrar vida de golpe, como preparándose para el comienzo de algo, lo distintas que eran aquellas tardes de las del resto de la semana... En aquellas tardes, lejanas ya, había un mundo por construír, ibas sembrando las semillas de la planta de la vida y lo mejor, es que todo estaba por construír, no había límites, sólo los que uno se iba marcando.
No sabes qué va a ser de tu vida, pero esa incertidumbre tiene algo de mágico, de ilusionante y lo mejor de todo es que disfrutas andando el camino, porque no hay meta a la vista.
El tiempo va pasando, vas dejando atrás encrucijadas y escogiendo tu camino, tomando decisiones, obrando en consecuencia y claro, en ciertos casos ya no hay vuelta atrás. No vuelve a haber un día más en tu vida en el que tienes 20 años y quieres ser abogado, mientras preparas un examen de dcho. comunitario, mientras sueñas con defender delante de un jurado una causa penal, ahora hay muchas cosas que ya no vas a hacer. Seguro que todo el mundo pensaría que esta es una visión pesimista de la vida, yo no la escribo con esa intención, solamente constato que hay cosas que ya se que no voy a hacer, cosas que por los caminos que he escogido, no puedo ya llegar a conseguir. Lo asumo, sin duda. Quedan todavía muchas otras que sí podré lograr.
No obstante, viendo la vida pasar, reconozco que me duele, que tengo cierta sensación de pérdida, de no abarcar todo aquello que quisiera.
Intentas seguir el camino correcto, ser fiel a tí mismo y a pesar de todo, no siempre recoges el fruto que tan bien has sembrado, que tan bien has regado, que tan bien has mimado, simplemente no está.
No siempre recibes el mismo trato de los que te rodean, como el que tú das a los demás.
No siempre recibes la confianza que otorgas.
No siempre contagias la misma ilusión que tú sientes.
No siempre te quieren de la misma manera que tu quieres.
No siempre te aman, de la misma manera que tu lo haces.
Si veo hacia atrás, probablemente esta sea la persona en la que me quería convertir, fiel a si misma, con la cabeza alta, sincera, respetuosa, tolerante, objetiva, humilde, sin embargo, el mundo que me rodea no es acorde a todo esto. Quizás me centré demasiado en cómo quería ser como persona, en que tipo de ser humano quería convertirme, que no me dí cuenta de que también el entorno es importante.
Siento nostalgia, sí, de aquellos tiempos en los que estaba todo por hacer, de los miedos que se sentían al ver hacia el futuro, porque aquellos miedos me hacían sentir muy vivo, hacían que disfrutase de cada momento que estaba viviendo.
La felicidad no es la meta, sin duda la felicidad es el camino. El mío lo era, un camino lleno de obstáculos, pero nítido. Lo disfrutaba muchísimo, porque no se había muerto ninguna de las plantas que estaba regando, todas iban creciendo, unas mejor otras peor, pero todas iban creciendo. Ahora se me ha muerto alguna, ¡Quien mucho abarca...!
Se me han escapado de las manos algunas de las cosas más importantes que tenía, unas más tangibles y otras más etéreas, cosas reales y sensaciones, dá igual, el caso es que algunas de esas plantas han desaparecido del jardín. Y parece muy dificil sembrar otra vez, porque hay ciertas cosas que sólo tienen razón de ser en un momento de la vida. Sólo hay un primer amor, sólo hay un primer beso, sólo hay un primer concierto, sólo hay una primera impresión....
Dentro de 10 años (espero que haya muchos años más), tendré más perspectiva que la que tengo ahora y seguro que valoro las cosas de forma distinta, pero hoy, con la claridad de la madrugada, tal y como siempre me gustó reflexionar, veo que la realidad que me toca vivir en este momento no me gusta, no la quiero, no me gusta renunciar a nada y me veo obligado a hacerlo.
Hay personas a las que tengo que dejar pasar, que sigan su camino, hay cosas que sé que jamás seré, hay cosas que sé que jamás conseguiré.... y no me gusta que se me rompan los sueños.
Estoy en un momento en el que creo que puedo hablar con mayor perspectiva, hay un camino por delante, pero también hay un camino recorrido. En estos momentos, cuando la vida va pasando día a día, hora a hora, me doy cuenta de que ya no hay tantas cosas nuevas por descubrir, hay muchas, cierto, pero ya no tantas como había tiempo atrás.
Recuerdo con nostalgia aquellos atardeceres de viernes, cuando la gente se echaba a la calle, cuando todo parecía cobrar vida de golpe, como preparándose para el comienzo de algo, lo distintas que eran aquellas tardes de las del resto de la semana... En aquellas tardes, lejanas ya, había un mundo por construír, ibas sembrando las semillas de la planta de la vida y lo mejor, es que todo estaba por construír, no había límites, sólo los que uno se iba marcando.
No sabes qué va a ser de tu vida, pero esa incertidumbre tiene algo de mágico, de ilusionante y lo mejor de todo es que disfrutas andando el camino, porque no hay meta a la vista.
El tiempo va pasando, vas dejando atrás encrucijadas y escogiendo tu camino, tomando decisiones, obrando en consecuencia y claro, en ciertos casos ya no hay vuelta atrás. No vuelve a haber un día más en tu vida en el que tienes 20 años y quieres ser abogado, mientras preparas un examen de dcho. comunitario, mientras sueñas con defender delante de un jurado una causa penal, ahora hay muchas cosas que ya no vas a hacer. Seguro que todo el mundo pensaría que esta es una visión pesimista de la vida, yo no la escribo con esa intención, solamente constato que hay cosas que ya se que no voy a hacer, cosas que por los caminos que he escogido, no puedo ya llegar a conseguir. Lo asumo, sin duda. Quedan todavía muchas otras que sí podré lograr.
No obstante, viendo la vida pasar, reconozco que me duele, que tengo cierta sensación de pérdida, de no abarcar todo aquello que quisiera.
Intentas seguir el camino correcto, ser fiel a tí mismo y a pesar de todo, no siempre recoges el fruto que tan bien has sembrado, que tan bien has regado, que tan bien has mimado, simplemente no está.
No siempre recibes el mismo trato de los que te rodean, como el que tú das a los demás.
No siempre recibes la confianza que otorgas.
No siempre contagias la misma ilusión que tú sientes.
No siempre te quieren de la misma manera que tu quieres.
No siempre te aman, de la misma manera que tu lo haces.
Si veo hacia atrás, probablemente esta sea la persona en la que me quería convertir, fiel a si misma, con la cabeza alta, sincera, respetuosa, tolerante, objetiva, humilde, sin embargo, el mundo que me rodea no es acorde a todo esto. Quizás me centré demasiado en cómo quería ser como persona, en que tipo de ser humano quería convertirme, que no me dí cuenta de que también el entorno es importante.
Siento nostalgia, sí, de aquellos tiempos en los que estaba todo por hacer, de los miedos que se sentían al ver hacia el futuro, porque aquellos miedos me hacían sentir muy vivo, hacían que disfrutase de cada momento que estaba viviendo.
La felicidad no es la meta, sin duda la felicidad es el camino. El mío lo era, un camino lleno de obstáculos, pero nítido. Lo disfrutaba muchísimo, porque no se había muerto ninguna de las plantas que estaba regando, todas iban creciendo, unas mejor otras peor, pero todas iban creciendo. Ahora se me ha muerto alguna, ¡Quien mucho abarca...!
Se me han escapado de las manos algunas de las cosas más importantes que tenía, unas más tangibles y otras más etéreas, cosas reales y sensaciones, dá igual, el caso es que algunas de esas plantas han desaparecido del jardín. Y parece muy dificil sembrar otra vez, porque hay ciertas cosas que sólo tienen razón de ser en un momento de la vida. Sólo hay un primer amor, sólo hay un primer beso, sólo hay un primer concierto, sólo hay una primera impresión....
Dentro de 10 años (espero que haya muchos años más), tendré más perspectiva que la que tengo ahora y seguro que valoro las cosas de forma distinta, pero hoy, con la claridad de la madrugada, tal y como siempre me gustó reflexionar, veo que la realidad que me toca vivir en este momento no me gusta, no la quiero, no me gusta renunciar a nada y me veo obligado a hacerlo.
Hay personas a las que tengo que dejar pasar, que sigan su camino, hay cosas que sé que jamás seré, hay cosas que sé que jamás conseguiré.... y no me gusta que se me rompan los sueños.
10 mar 2009
ONCE

"Los presupuestos millonarios no hacen el cine.
Los efectos especiales no hacen el cine.
Los guiones brillantes no hacen el cine.
Los montajes perfectos no hacen el cine.
La fotografía exquisita no hace el cine.
El cine, el buen cine, tiene que llegar al corazón, tiene que cambiarte después de verlo, tiene que aportarte algo en tu formación como persona (como todo lo que sea arte: literatura, pintura...)"
El domingo por la noche, jornada de descanso en espera de comenzar la semana, decidí ver una película que me habían recomendado y vaya!, menudo descubrimiento. Acabé rendido a su belleza, a su sensibilidad, a su forma de introducirte en la piel de los personajes, a su simplicidad tan absoluta pero tan dificil de lograr. Acabé enamorado de sus personajes, de su historia, de sus canciones, todo un regalo para los sentidos.
Sin duda recomiendo que en esos momentos cotidianos en que nuestra vida parece pasar, sin que pase nada, nos sentemos y disfrutemos de esta hora y media frente a la tele. Será una de las mejores inversiones que podamos hacer en nosotros mismos. Yo me sentí diferente cuando acabé de verla, me tocó una fibra dentro que provocó en mi un torrente de sensaciones. Sólo puedo decir gracias, gracias a quien creo tan conmovedora historia.
"Once" es un musical, pero no un musical al uso, sino una historia en dónde las canciones, con su fuerza, con su manera de formar parte de la historia, con esa forma de transmitir emociones, son un elemento imprescindible. Es increíble como te atrapan, no sólo por su belleza, sino por su mensaje y por como están plasmadas. La escena dónde Markéta Irglová camina a su casa, desde la tienda, mientras canta "I want you", es simplemente sublime.
Hay tantos y tantos matices en cada fotograma que hacen de esta obra, algo delicioso. Un musical, sí, pero al fin y al cabo una historia de amor, no del amor de película que tantas veces nos ofrecen, sino del verdadero, del que te atrapa sin darte cuenta, del que llega sin avisar, del que nos puede pasar a todos, con sus facilidades y sus complicaciones, del que te hace flotar cuando lo vives pero te desgarra el alma cuando te lo arrebatan.
Os la recomiendo, sin duda, merece tanto la pena, que mientras escribo sobre ella, estoy deseando volver a verla.
5 mar 2009
Abriendo mi ventana
Esta es la primera entrada, abro la ventana y deben empezar a salir letras, palabras, frases, pensamientos, reflexiones... espero ser constante y dar sentido al nombre del blog. A todos aquellos que por aquí pasen, bienvenidos, no busco gustar, simplemente plasmar las cosas que pasan por mi cabeza, con mayor o menor frecuencia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)