Mostrando entradas con la etiqueta nostalgia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nostalgia. Mostrar todas las entradas

12 feb 2013

Y van 100

Hace casi 4 años que decidí abrir mi ventana y mostrar sus vistas a todos los que quisieran visitarme. Esta es la entrada número 100 y el balance es positivo, ya que aquí sigo.

He pasado por altibajos, momentos de más intensidad y momentos de poca inspiración. La media refleja unas dos entradas al mes, lo cual no está mal, aunque me gustaría que fuese un poco más. No he querido escribir por escribir, contando cosas insustanciales, sino que mi intención siempre ha sido la de escribir de cosas que pudiesen resultar interesantes a quien las leyese.

Durante este tiempo, habéis sido fieles, en términos generales. Los que en algún momento habéis pasado por aquí, soléis volver y eso lo valoro mucho. También algunos de vosotros habéis pasado por altibajos, con idas y vueltas a este mundo, pero finalmente ahí estáis.

Aquí he hablado del mundo que yo veo, de lo que a veces siento, aunque nunca me he mostrado del todo. Los que sepan leer entre líneas, me habrán empezado a conocer, poco a poco. He hablado del pasado, de la nostalgia, de la amistad, del amor, de política... aunque poco, de actualidad y también ha habido parte de crítica social. Y así seguirá siendo.

Estos días, en los que también yo cumplo años, estoy un poco más trascendental de lo habitual, más nostálgico que de costumbre y tengo sensaciones encontradas. Estoy a medio camino de muchas cosas, o a medio camino de ningún sitio. Puede que pronto haya grandes cambios en mi vida, como es posible que todo siga igual, quién sabe....En estos 4 años muchas cosas han cambiado y otras muchas han seguido igual.

Lo que sí me gustaría, es seguir pudiendo abrir mi ventana, asomarme y ser capaz de transmitir en este rincón todo lo que entre por mis ojos, todo lo que llegue a mi cerebro y a lo que late dentro del pecho.

Gracias por seguir ahí.

8 feb 2013

El sueño de una noche de junio

Han pasado...buff, 11 o 12 años. La prueba de que uno se hace mayor es que le cuesta recordar, cada vez más, si las cosas pasaron en un año o en otro. Yo siempre he sido muy bueno para esas cosas y, sin embargo, todo empieza a hacerse borroso y a mezclar años.

Pues eso, hace ya más de 10 años, en una noche de junio, después de un día de tormentas veraniegas, fui por primera vez a un concierto de Los Secretos. Habían pasado dos o tres años del fallecimiento de Enrique Urquijo y la sensación que daba, es de que ese grupo se iría muriendo poco a poco, como todos aquellos que pierden a su vocalista y seña de identidad inconfundible. En este caso no podría ser más erróneo pensar eso.

Recuerdo que eran las fiestas grandes de la ciudad en la que estudiaba y todos los años había una buena oferta de conciertos gratuitos, además de alguno de pago, que solía ser para los artistas más de moda en ese momento. Los Secretos, en ese momento, digamos que era un concierto de relleno en medio de otros con mucho más caché.

Recuerdo que llegamos cuando el sol ya se acostaba en el horizonte y al ser al aire libre, después de un día de tormentas, llegaba un olor a tierra mojada que llenaba los pulmones. El verano estaba ya en su comienzo y la temperatura era agradable, una noche ideal para escuchar buena música. Llegamos pronto, los suficiente como para estar en la parte de delante, a pocos metros del escenario. No hubo un gran aforo ese día, no creo que hubiese más de 1.500 personas.

Álvaro Urquijo, además de guitarrista, tiene una voz más acogedora, más cálida y dulce que la de su hermano. Quizás no tenga ese noto nostálgico, tan roto, como la que tenía Enrique, ese lamento que impregnaba sus canciones, pero sin duda tiene una voz preciosa, desde la que los temas de siempre toman una dulzura, que les hace ser distintos. Dentro de unos días, Enrique cumpliría 53 años, pero apenas pudo llegar a los 39.

En aquellas 2 horas de concierto, hicieron un repaso a los grandes temas de siempre. "Amiga mala suerte", "Qué solo estás", "Déjame", "La calle del olvido", "Cambio de planes"...Desprendían un buen rollo increíble y contaban anécdotas de su ya larga carrera. Desde allí abajo, en los comienzos de mi veintena, veía como unos amigos que ya rozaban la cuarentena, homenajeaban a su líder ausente. Unos amigos que siendo adolescentes formaron un grupo y más de veinte años después, ya con sus familias, con muchos kilómetros en la mochila, seguían desprendiendo ilusión y buen rollo. Esa noche de junio, me enamoré de ellos.

A mi ya me gustaban sus canciones, tenía un par de cd e incluso algún cassette grabado, que habían sonado muchas veces en mi discman, pero descubrirlos en directo fue increíble, me ganaron para siempre.

Su despedida, cantando a capella, "sobre un vidrio mojado", resultó ser el broche de oro a una noche mágica, que años después sigue en mi memoria y me arranca una sonrisa (he encontrado un vídeo en el que hacen lo mismo como despedida, en Oviedo).


Hace un par de años, volví a un concierto suyo, también en verano, pero no hubo el mismo encanto, no hubo la misma magia. Puede ser porque hubiese muchas más que esas 1.500 personas, puede que yo ya no fuese aquel veinteañero, quién sabe...Lo que está claro es que aquella noche de junio de 2001 o 2002 es uno de los recuerdos que siempre llevaré en la mochila.


29 mar 2012

Las canciones de tu vida (II)

Vivo en medio de una espiral de actividades, no sólo laborales, que hace que esté dando un poco las espalda a la vida virtual, pero sigo vivo, sigo existiendo y mi ventana sigue abierta... a pesar de que la persiana esté un poco bajada.

Para aquellos pocos que me seguis fielmente, siento la ausencia. Para aquellos a los que sigo... volveré a seguiros.

Mientras tanto, esperando mi vuelta a la red, retomo la sección que tanto éxito tuvo en su primera entrega, con un tema de "nuestra vida", una canción que cumple nada más y nada menos que 22 añitos, pero que sigue poniéndome la piel de gallina.

Por aquel entonces Eros era el "no va más", ídolo de jovencitas e intérprete de un hit tras otro. Ella no era tan conocida en nuestro país, incluso alguna persona intentó convencerme antes de que existese esto de internet y sus wikipedias y youtubes, de que quien cantaba este dueto era Nina.... yo sabía que no.

Buceando en la red para poner el vídeo, me encuentro con una versión estupenda, que primero muestra la canción como la conocimos aquí, en nuestro idioma y después la interpretación en un concierto en Roma, en 2004.. simplemente espectacular. Merece mucho la pena ver el vídeo entero.

Recuerdo como siendo un niño, había grabado esta canción en un cassette, cogida de la radio y semi-cortada al final por la voz del locutor. Sonó mucho, muchísimo en habitación, una vez tras otra. Sin duda es una de las canciones de mi vida.




1 feb 2012

Las canciones de tu vida (I)

Inauguro esta tarde una nueva sección, siguiendo la estela de nuestro compañero blogger JL, en su entretenida "Versiones imposibles". La mía será "Las canciones de tu vida" y aquí irán apareciendo canciones que en algún momento me han marcado o me han acompañado.

Acabo de descubrir que Sergio Dalma versiona a Marco Massini en su útimo disco y de golpe me he trasladado al verano del 95 (qué gran verano). Una canción me acompañó en esa etapa de primeros amores y sobre todo desamores y esta tarde se ha vuelto a presentar delante de mi, en otra voz, pero ha provocado que busque la original y me deslice hacia atrás a lo largo de los años.

Gran letra, increíble voz, inolvidable verano, amores perdidos, recuerdos adolescentes...


Te enamorarás aunque no de mi
tú estarás allí y sucederá lo sé, así.
De la libertad y de la amistad 
sé que pasarás, cuando te enamores, ya...verás.

Puedo verlo sin creerlo, como un poster de james dean
siento miedo sin tenerlo, escondido en mi blue-jean.
Es tan grande como el cielo es tan fuerte como un dios,
el amor más verdadero, el amor que no soy yo.

Te enamorarás de un bastardo que
te dirá mentiras y te reirás de mí…
¿Quién te defenderá del miedo de la noche
y de esta vida que no da más que reproches?

Te enamorarás, lo sé, pero no de mí 
con profundidad, como nunca imaginé de ti…

Ya te veo con tus llantos cuando allí te falte yo,
lavas, planchas, friegas platos y la vida dice no.
Un retraso de seis días, sin saber ni como fue
me verás en tu recuerdo tú que pasas hoy de mí.

Te enamorarás (de mí) pero no estaré (allí) 
te enamorarás y será muy tarde ya
y el cielo llorará, le faltará una estrella,
¡vete con tu felicidad!, eres tan bella...



28 oct 2011

A 1.000 centímetros


Me encantan los viernes, es algo que ya he comentado en alguna que otra entrada. Sus tardes tienen algo de especial y si son tardes de otoño o de primavera, mucho más.

Si el final de una tarde de viernes, viene acompañado de una sesión de cine, o de una charla de café con amigos, un paseo por la orilla del mar o un concierto de alguien que te gusta mucho, la tarde deja de ser simplemente especial, para convertirse en inolvidable.

Hace hoy una semana, me senté en mi butaca de la segunda fila del Teatro Caixanova de Vigo a eso de las ocho y veinte de la tarde. Faltaban apenas unos minutos para que a 10 metros de mí, estuviese Carlos Goñi, para que a solo 1.000 centímetros tocase su guitarra y sonase su voz.

No soy un mitómano, la verdad. Puedo cruzarme por la calle con un famoso y, mientras todo el mundo se gira y comenta, yo lo veo y sigo a lo mío. Pocas personas pueden fascinarme hasta el punto de provocar cambios en mi comportamiento. El viernes pasado estaba tranquilo, como siempre, como siempre desde hace mucho tiempo en cualquier evento al que acuda.

En el escenario apenas había una caja de estilo árabes y un par de sillas, dos o tres guitarras y unos micrófonos. Un atril bajo que sostenía el peso de un libreto de canciones de Revólver, de tantas canciones que uno no sabe con cuál quedarse.

Goñi fue puntual, apenas pasaban unos minutos de las 20.30 y allí estaba él, saludando, recordando que “hace tiempo que no nos vemos las caras”. Había salido entre el humo que soltaron durante unos minutos para crear una atmósfera especial. No era necesario, esa atmósfera la creó Carlos en cuanto sonaron los primeros acordes de su guitarra.

Había leído y me habían contado que no es cercano, que incluso llega a ser borde, no lo sé, pero sí que es distante, educado y amable, pero en la distancia. Es muy profesional, muy perfeccionista y se nota que le gusta lo que hace, se nota que la música es su vida.

Me gustó el estilo del concierto, acústico, sin nada más que sus guitarras y el acordeón de Cuco Pérez en algunas canciones. Me gustó que no hubiese nada programado, sino que las canciones fuesen surgiendo, algo que él dejó claro cuando comenzó el espectáculo, que las canciones irían surgiendo.

Como ya he dicho, estaba tranquilo, pero en la segunda canción… se me puso un nudo en el estómago. “Esta noche tengo más de lo normal”… reconozco que me emocioné. Los ojos se me humedecieron, ya que esa canción me traslada muchos años en el tiempo y me recuerda a una persona que ya no está, que hace muchos años que no está. No fue la única canción que me tocó la fibra...

Entre canción y canción, mientras pasaba las páginas del libreto que tenía delante, nos hablaba, nos contaba cosas, incluso bromeaba.

Nos habló de que su padre dejó a su familia cuando él era pequeño, para buscar una oportunidad mejor en Venezuela, pero su fracaso provocó que no regresase y que no volviesen a verle.

Nos habló de su hijo, de 22 años, que ha tenido que emigrar, para poder buscar un trabajo en la vida. Nos habló de la emigración, de la que tanto sabemos los gallegos y de la inmigración. De lo hipócritas que somos y de la poca memora que tenemos. De cómo nos trataron a nosotros y de cómo tratamos nosotros a los demás.

Nos habló de su madre, de su abuela, de su mundo… Nos explicó el significado de algunas de sus canciones y así, una tras otra, viejas y nuevas, se fueron sucediendo durante la noche.

Faro de Lisboa, San Pedro, Eldorado, El peligro, Fuera de lugar, Esperando mi tren…. Me faltó “El roce de tu piel”, “Calle mayor” o “Los surcos de tu espalda”, pero en general todos vibramos con el recital, acompañando con nuestras voces, cada una de esas canciones.

 

Durante 2 horas y media no pensé en los problemas, en el trabajo o en las cosas que estaban fuera del teatro, durante más de 2 horas, sólo disfruté y sentí, consiguiendo salir renovado, una vez finalizó todo.

Se notaba que el público era fiel, que estaba entregado y Carlos supo reconocerlo, dando lo mejor de sí mismo, de principio a fin.

Lo único que lamentar es la mala educación de los de siempre, que no paran de hacer fotos, molestando con sus flashes a los artistas y también a los que estamos disfrutando del espectáculo. Da igual que se les llame la atención, su falta de respeto es tan absoluta que les da igual si molestan o no. La tecnología nos ha traído muchísimas cosas buenas, pero también la demostración de que hay gente que no sabe comportarse en sociedad.

Antes de cada canción, nos explicaba su sentido, o nos contaba una anecdota y daba paso a las primeras notas con un "y esta canción, hace así...". El vídeo que os dejo, por su forma de hablar, por su forma de explicar, es fiel reflejo de cómo es Carlos Goñi, de cómo fue la tarde del viernes pasado, de como se ha hecho un hueco para siempre, dentro de la cajita de mis recuerdos.. Simplemente darle las gracias.



9 sept 2011

Hace 7 años...


Hace hoy 7 años fue un día largo, muy largo.

Como siempre en aquellos exámenes, jugabas con el tiempo a tu antojo. La única hora obligatoria era la de las 10, hora del examen práctico, después… horas de angustia, de últimos repasos, de miradas perdidas, de cansancio que se iba acumulando.

Acabé el examen práctico y me fui a un aula a darle una nueva vuelta de tuerca a los apuntes, tanto que se me hizo tarde hasta para comer un bocata en la cafetería.

El problema de los exámenes orales, es que no te puedes hacer una idea exacta de a qué hora te tocará, puesto que los que van antes que tú pueden acabar en un santiamén, por no saber lo que les preguntan o bien pueden extenderse durante un buen rato, demostrando sus amplios conocimientos de la materia. Estás, por tanto, obligado a acercarte por la sala de torturas, con antelación suficiente para que no te coja el toro.

Fui de los últimos, por no decir el último. Me crucé con un compañero en la puerta al patíbulo, desconsolado, diciéndome lo que le habían preguntado y con esa ansiedad extraña que a uno le entra, todavía le eché un ojo a una de las preguntas que le habían formulado, puesto que en ese momento me dio la sensación de no acordarme.

Cuando entré y saqué las bolitas de los temas, me di cuenta de que ese fugaz repaso que acababa de realizar, podría haberme dado un aprobado que acabase con esa tortura que duraba ya varios años. Así fue. La misma pregunta, ya que ese tema no daba mucho más de si.

Me salió un gran examen. Cuando salí por la puerta, estaba convencido de que aprobaría.
Pasaban los días y la espera estaba convirtiendo esa sensación de esperanza, en una agonía por la incertidumbre. Lo que pensaba haber hecho tan bien, ya me daba la sensación de no haber sido completamente correcto.

Unos 10 días después, llamé a la universidad y me dijeron que sí, que ya estaban publicadas las notas. En aquella época, algo del todo incomprensible, no se publicaban las notas por internet, por lo que me cogí un autobús y me fui en busca de mi resultado.

Soy una persona tranquila, por norma general, que no se altera por estos temas, ni tampoco por otros, pero estaba nervioso.

Subiendo en el ascensor, mi estómago decidió comenzar a doler, intensamente. 

Llegué a ese pasillo, y me fui acercando a las vitrinas. Estaba sólo allí.

Siempre fui capaz de localizar en las listas a mis compañeros y a mí mismo, antes que ellos encontrasen siquiera la lista y esa vez no fue una excepción.

Allí estaba mi nombre.

Allí estaba la nota.

Allí estaba mi notable en Dcho. Financiero y Tributario II.

Allí y en aquel momento, había acabado la carrera.

Han pasado ya 7 años desde aquel examen. A estas horas, en 2004, estaba en un aula, con 400 hojas de apuntes, un código y un manojo de nervios.

No soy la misma persona y en cierto modo lo añoro. Echo de menos a aquel chico que tenía un millón de sueños y cosas por hacer. Seguramente si desde aquella aula pudiese verme a mí mismo 7 años después, habría estado contento con lo que veía….o no. He ganado cosas, pero también he perdido muchas otras.

Desde aquel asiento en la grada de mi clase, llamé a un amigo para felicitarle el cumpleaños. Hoy no lo llamaré, porque ya no está en mi vida, pero sé que es su cumpleaños y sé que aquel día, uno de los más importantes de mi vida, hice un paréntesis para felicitarle. Probablemente él no lo recuerde…

La vida está llena de momentos importantes; recordarlos, en ocasiones puede hacer que los revivamos y no desaparezcan.

16 may 2011

Tardes de domingo

Hace tiempo escribí una entrada sobre los viernes, sobre lo mucho que me gustan y como son capaces de generarme sensaciones positivas.

Hoy escribo sobre los domingos, sobre lo que han ido cambiando para mí en el tiempo.

Cuando era un crío, los domingos eran un día especial porque era el día en el que nos tirábamos la tarde entera jugando, nos poníamos más guapos, con la ropa más nueva, etc

El tiempo fue pasando y uno se convirtió en adolescente, con las hormonas revueltas, cómo no! Y existían esas primeras salidas de fiesta, los domingos por la tarde. Era muy joven todavía para salir los sábados por la noche, por eso los domingos se convertían en ese momento en el que sentirse mayor. Los primeros escarceos amorosos, los primeros besos, los primeros roces…
Esas tardes eran increíbles y el tiempo se pasaba volando. Cada vez más, fueron perdiendo su carácter especial, puesto que aparecieron las noches de los sábados.

Esas tardes de domingo pronto se convirtieron en tardes de fútbol, en tardes de ir a jugar, domingo tras domingo, durante 10 años.

Durante mi época de universidad, las tardes de fútbol acababan preparando la maleta para irse a otra ciudad, para coger el tren con el resto de estudiantes e irse a la universidad. Así domingo tras domingo.
Por la mañana dormía, por la tarde iba a jugar y por al caer la noche me iba a mi “piso de estudiante”, así durante 6 años. Años fantásticos que ya han quedado atrás.

Yo creo que el domingo y las distintas cosas que haces en cada momento de tu vida, son un reflejo de lo que te va cambiando todo a lo largo de los años. Primero con los amigos, después con la pareja, después con la pareja y los niños, etc

Ayer fue un domingo tranquilo, de turismo “rural”, visitando lugares del entorno, que siempre han estado ahí, pero a los que no se suele ir. Es una etapa distinta de la vida.
Las personas que por allí estaban, habrán tenido sus otros domingos, pero ayer coincidimos en el mismo sitio y quizás con el mismo perfil, en la misma etapa de nuestro camino.

Mientras tanto, en otros lugares, habrá adolescentes descubriendo el amor, chicos jugando al fútbol y parejas cogidas de la mano paseando por un parque….

10 feb 2011

Un año más

Soy una persona nostálgica, por eso la fechas señaladas suelen entristecerme, provocar que mi cabeza vuelva a repasar muchos recuerdos de tiempo atrás.

Hoy estoy de cumpleaños, un año más y ya son 32. Cada uno se queja de lo suyo, los de 45 dirán “quién los pillara”, yo diré “quien pillara los 23…

Lo importante es que después de haber superado la barrera de los 30, que me sentaron fatal, ahora los llevo bien, sin pensar en lo que vendrá más adelante. No veo hacia los 25, pero tampoco hacia los 40.

Hoy en día, con la existencia de Facebook, uno recibe más felicitaciones de lo habitual, ya que es muy fácil darse cuenta de las fechas al salirte un aviso en la pantalla. En su momento, la existencia de calendarios en los móviles también supuso una revolución, ya que te avisaba al llegar el día señalado.
Son felicitaciones un tanto frías, ya que, para quien eres importante, no es necesario que salga un aviso en internet, sino que se acuerda perfectamente de la fecha. A pesar de todo, a todos nos gusta que se acuerden de nosotros.

Me ha hecho más ilusión que Nuria o Rose se acordasen de mi en sus entradas, que alguna de las felicitaciones que me han llegado a través de FB, de gente que lo único que me dice en todo el año es “Feliz cumpleaños”, o “Feliz Navidad”. Ellas simplemente se acordaron de la fecha porque lo comentamos en una de mis entradas, no porque saliese hoy en ningún aviso de ningún sitio de redes sociales. Gracias chicas!!! Y gracias a los que me habéis felicitado en sus blogs.

Está siendo un día normal, un día de trabajo normal y corriente. Mis compañeros ya me han hecho sus regalos, mi madre también, alguna cosa más caerá todavía y pronto pasará este 10 de febrero.

Es fácil para mí hoy, recodar otros años, otros cumpleaños. Aunque el de hace 2 años se me hizo cuesta arriba, por muchas razones, no puedo quejarme, ya que siempre hay alguien que hace especial estos días, siempre he tenido muy buenos cumpleaños, muchas sorpresas y gente que supo hacerme sentir especial. Gracias para todos ellos.

A mí también me gusta hacer especial ese día a aquellos a los que quiero, sólo espero poder estar siempre a la altura de las circunstancias y conseguir ese propósito.

En breve también esta ventana estará de cumple. Serán 2 añitos ya…parece que fue ayer.

Gracias a todos y os deseo, multiplicado por un millón, todo lo que me deseéis a mí.

31 oct 2010

Los viejos tiempos

Esta noche nos hemos reencontrado los viejos amigos de la universidad, unos cuantos años después. A algunos no los veía desde hace 7 u 8 años, a otros no tanto, unos meses o un par de años.

Hemos estado en la casa de uno de ellos, como en los viejos tiempos, con unas copas y muchas risas. Por momentos parecía que no había pasado el tiempo y que aquellos chicos con millones de ilusiones y de cosas por hacer, apenas habían cambiado. Por momentos ha sido mágico.

La vida nos ha ido cambiando o nosotros hemos ido cambiando con la vida. Hay dos bodas para el años que viene y me imagino que tampoco tardarán mucho en llegar los niños. Pero lo mejor de todo, es que nos veíamos a los ojos y es como si nos hubiésemos visto ayer.

Ha sido una noche lluviosa, pero mágica, llena de propósitos de no dejar pasar tanto tiempo hasta la próxima vez.

Forman parte de mi vida y yo de la suya y tenemos un pasado en común que comienza muchos años atrás.

Hoy tengo una extraña sensación de nostalgía, que en esta ocasión no me hace sentir triste, sino afortunado por revivir momentos como los de ayer.

Por muchas cosas, esos años universitarios fueron los mejores años de mi vida, no está mal que de vez en cuando pueda darme el gustazo de recordarlo junto a la gente que también compartió muchos de esos momentos.

3 sept 2010

El síndrome de Pancho

Después de explicar cómo fueron mis veranos en la adolescencia, hoy explicaré lo que llamo como el “síndrome de Pancho”.

Como he dicho en alguna otra entrada, septiembre es, para mí, el peor mes del año. Es un mes muy triste y deprimente, demasiado nostálgico. Y lo es por el llamado síndrome de Pancho.

Cuando el verano tocaba a su fin y sus padres tenían que reincorporarse a sus puestos de trabajo, nuestros amigos veraneantes tenían que volver a sus lugares de origen, a retomar su rutina de vida. Aunque separarse siempre era duro, ellos tenían algunos alicientes y es que volvían a ver a sus amigos de todo el año, después de uno o dos meses sin verlos.

El problema era para aquellos que nos quedábamos, ya que no había amigos nuevos a los que ver, simplemente esperar a que pasase rápido septiembre para volver a las clases y allí sí, volver a ver a aquellos compañeros que no veíamos desde junio. Pero mientras tanto… había que superar el mes de septiembre, sin mucho que hacer, con los días más cortos, con las primeras noches fresquitas, con una tristeza en el ambiente, que parecía que no pasaba nada.

Ese es el llamado síndrome de Pancho, que era aquel personaje de Verano Azul, que era el único que era del pueblo al que iban todos de vacaciones. Pancho seguía trabajando en el pueblo mientras sus amigos se iban a la playa, pero aprovechaba para hacer cosas con ellos en su tiempo libre. Sin embargo, llegado el final del verano, todos se iban y Pancho se quedaba allí, mientras sus amigos volvían a la capital, en dónde seguían viéndose. Pancho no. Pancho no les volvería a ver hasta el año siguiente, mientras seguía pasando por el mismo pueblo, por las mismas calles y mismas playas, en las que un tiempo atrás habían compartido tantas cosas.



Para alguien tan nostálgico como yo, siempre es preferible se el turista, que no el Pancho de turno. No he tenido (hasta que he sido adulto y me he ido fuera a vivir), esa sensación tan especial que tendrían mis amigos el primer día de vacaciones, cuando estaban llegando al pueblo, después de 10 u 11 meses sin verlo. Cuando veían por la ventanilla del coche acercarse su destino. Esa ilusión por ver, después de tanto tiempo a tus amigos, con los que habías mantenido el contacto por carta. No lo he vivido y, en parte, me hubiese gustado.

A mí me ha tocado ser siempre Pancho…

31 ago 2010

Veranos

Yo soy de un pueblo de Galicia, cercano a Vigo. Un pueblo en el que no hay un número demasiado elevado de habitantes, pero que en la época veraniega se llenaba de gente, no tanto por sus valores turísticos, sino más bien por que regresaban a descansar unos días aquellos que en su momento tuvieron que partir en busca de un destino mejor y buscarse la vida.

Los gallegos hemos sido una gente emigrante desde siempre y en mi pueblo eso no era una excepción. Hace años, los chicos jóvenes (no tanto las chicas), se iban a la capital o al extranjero, en busca de las oportunidades que aquí no tenían y con el tiempo iban echando raíces en esos lugares. Pero los gallegos tenemos lo que se llama “morriña”, esa nostalgia y apego a la tierra que hace que no nos desvinculemos del todo. Así es como siendo ya adultos, con familias ya hechas, siempre volvían, al menos para pasar las vacaciones.

Esas vueltas a la tierra, años después de la partida, provocó que los que estábamos en el pueblo conociésemos a sus hijos o nietos y en muchos casos hiciésemos amistad con ellos.

El verano se convirtió desde ese momento en la época más especial del año, no sólo por las vacaciones, sino porque era cuando podíamos ver a esos amigos que no veíamos el resto del año.

Los días eran muy especiales, al compartirlos con gente que es tan distinta. Gente que vive una vida diferente a la tuya, en una ciudad grande como Madrid o Barcelona, o en otro país, como Francia o Suiza. Para mí siempre fue como un soplo de aire fresco, compartir cosas con gente distinta, que vive cosas distintas, enriquece muchísimo.

Los vínculos que se crearon a lo largo del tiempo han sido fuertes, ya que en muchos casos seguimos manteniendo unos fuertes lazos de amistad, a pesar de que con el tiempo, al hacernos mayores y acceder al mercado laboral, no disponemos del mismo tiempo para compartir. Algunos ya tienen familia y esas familias también tienen sus propios sitios de vacaciones con su propia historia de amistad o de familia, pero a pesar de todo, siempre hay tiempo para una escapada, para vernos o mantenernos en contacto.

En nuestra época no había redes sociales, no teníamos un acceso a los correos electrónicos o a las telecomunicaciones como existe hoy en día, pero a pesar de ello, nuestros lazos se hicieron fuertes y nuestra amistad superó todas esas adversidades.

Estos días de verano he vuelto a compartir cosas con alguna de esta gente, como si el tiempo no pasase, a pesar de que hace ya más de 15 años que nos conocemos. Espero que continúen en mi vida por muchos años más y sigamos compartiendo estos momentos y formando parte de cada una de nuestras vidas.

5 mar 2010

Mudanzas

Hace un mes me mudé y desde entonces ronda esta entrada por mi cabeza.

Una mudanza puede significar muchas cosas, la principal y evidente es un cambio de domicilio, pero en ciertas ocasiones también un cambio de vida, de rutinas, bien sea un cambio obligado o un cambio voluntario. A veces uno cambia para romper con el pasado y otras cambia por evolucionar y mejorar lo que ya tiene. Todo cambio tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas.

La verdad es que soy un poco Willy Fogg, ya que me he mudado mil veces ya, en varios casos a otra provincia (menudo coñazo) y en otras ocasiones, como la actual, a un sitio cercano.

Esta última mudanza ha sido más sencilla, ya que no suponía un trastorno personal demasiado grande, más allá del empaquetar y trasladar, pero no por ello me ha dejado indiferente.

El caso es que en una mudanza siempre aparecen retales del pasado de cada uno, en dónde menos te lo esperas y acabas pensando más de lo que es aconsejable, acaba convirtiéndose en un momento de análisis, de reflexión y de eso, uno nunca sale indemne.

Es inevitable que te encuentres con alguna foto, algún libro, algún cd, incluso alguna prenda que evoca tiempos pasados, buenos o no tan buenos, pero que por instante te trasladan en el tiempo y provocan una sonrisa y o una mueca de tristeza en tu rostro.

En esta ocasión ha sido alguna foto, incluso alguna carta, una entrada del cine, la que me ha hecho volver la mirada atrás en el tiempo y uno, que es un nostálgico... pues ya se sabe, acabé un poquillo de bajón... hasta el día siguiente, claro, porque como me encanta mi nuevo piso, pues ahora estoy tan feliz.

Tomándolo por el lado positivo, cambiar de rutinas por vivir en otro sitio distinto, también supone una nueva oportunidad para poder resetear el disco duro y plantearse nuevas cosas, así que, que llegue pronto la primavera, los días más largos, el calorcillo del atardecer y que salga el sol.

15 nov 2009

Camino de Madrid

Hace un año por estas fechas volví de Madrid, para regresar a "miña terra galega". La verdad es que me costó la vuelta, mucho, más de lo que cualquier cambio de residencia anterior. No era solamente por volver, había muchas más cosas en aquel momento que rondaban por mi vida, provocando la mayor época de inestabilidad que he vivido.

Afortunadamente las cosas parecieron ir volviendo a retomar su sitio, unas para mejor, otras quizás no tanto e incluso algunas, para simplemente volver a dónde estaban. Un año después he vuelto a Madrid.

Apenas estuve unas horas, pero fueron suficientes para refrescar en mi sensaciones que había dejado atrás, recuerdos de lo vivido y también, curiosamente, de lo no vivido.
Para mi Madrid significa muchas cosas, de todo tipo. Viví grandes expectativas, pero también grandes decepciones, me sentí muy bien en muchos momentos, pero en otros creí tocar fondo. Madrid siempre será para mi algo muy bueno, pero muy extraño a la vez, ya que allí gané muchas cosas, pero perdí otras de más valor.

Un año después, sus calles siguen igual, su olor, sus rascacielos, su "impersonalidad", su anonimato, su vida, la verdad es que nunca me cansaré de caminar por sus calles, sin embargo, sé que nunca podré hacerlo sin pensar en ese tiempo que estuve allí, sin pensar en todas las cosas que íbamos a hacer y sin embargo se quedaron en el cajón, eso me hace un nudo en el estómago que será dificil que algún día desaparezca. Me queda el sabor amargo de no haber hecho todo lo que íbamos a hacer y, a la vez, la sensación de que ya es tarde para hacerlo, la sensación de que Madrid siempre será un lugar a medias para mi.

Ahora toca cambiar otra vez, en unas semanas toca mudanza y toca, probablemente, un nuevo cambio de sensaciones, de vivencias. Si sigo en dónde estoy, probablemente el cambio sea muy sutil, pero si decido irme a vivir a Vigo, el cambio sea más profundo. Los que me conocéis sabéis perfectamente que me gustan las ciudades, con su vida, su gente por las calles y es probable que me sintiése mejor allí. Aún así, hay cierto temor dentro de mi, a volver a vivir esas sensaciones de vivir las cosas a medias. De todos los planes que monté en mi cabeza hace un año por estas fechas, no son muchos los que se han cumplido, siempre me fijo metas, pero el no llegar a todas provoca esa sensación de estar incompleto.

Espero que estas sensaciones que me asaltan a veces, desaparezcan algún día y de ese modo, pueda disfrutrar de los logros conseguidos, en lugar de lamentar aquellos que no se alcanzan.

"Me acuerdo de ti, camino de Madrid..."

17 sept 2009

Los caminos de la vida

Qué dificil es encontrar el camino a seguir en la vida.

Cuando somos crios, unos más y unos menos, tenemos la cabeza llena de ilusiones, mil proyectos, muchas opciones que escoger y, poco a poco, vas eligiendo unas y descartando otras. Eso supone que te equivoques a veces y que otras veces la jugada te salga bien.

El caso es que es complicado acertar siempre y tendemos a valorar postivamente sólo aquello que nos sale como queremos, tirando a la basura lo que no nos ha sido útil.
Yo creo que es una equivocación, puesto que todas esas experiencias son las que nos hacen ser como somos, las buenas y las malas.

Por eso en estos momentos, desde mi ventana, me acuerdo de las personas que estan en esa etapa de transición, a medio camino entre su vida pasada y su vida futura.
Esa gente, tan cercana a mi, que solo tiene claro lo de la vida pasada, porque la vida futura es una incognita. Gente que está luchando por cambiar el rumbo y encontrar el camino a un puerto mejor.

Recuerdo perfectamente los momentos de incertidumbre, de no saber qué va a ser de tu vida, de querer conseguir metas, pero no saber cómo alcanzarlas. Por eso os envío mi ánimo y toda la suerte del mundo para que consigáis lo que os proponéis.

Qué duras son unas oposiciones, qué duro es sufrir el desgaste diario, sin saber cómo va a salir todo. Será esta vez la buena? Será suficiente por fin? Conseguiré de una vez por todas ese resultado que me va a dar tanta tranquilidad? Ánimo, mucho ánimo!!!

Sea cuál sea el resultado, valorad siempre el esfuerzo que habéis hecho, eso tiene que permanecer en vosotros, tanto si aprobáis, como si no hay suerte. El desgaste, la tensión, los nervios, las dudas.. todo eso suma en vosotros, os enriquece como personas para afrontar los distintos retos de la vida. A pesar de que estas palabras no os sirvan de nada cuando no se aprueba, creedme que así es.

La vida está llena de rutas distintas, hay muchas opciones que seguir y es importante saberlo. No se acaba el mundo en ninguna de ellas, por mucho que deseemos alcanzar ciertas metas, es importante valorar que hay muchas otras por ahí perdidas, aunque no seamos capaces de verlas en un día de niebla. Ánimo con cada nuevo reto que os planteeis, ánimo para los que entran a trabajar en una nueva empresa, ánimo para los que deciden hacer un curso y formarse, ánimo para los que afrontan etapas de exámenes, ánimo para todos vosotros, al final seguro que espera la recompensa, sea del color que sea.

5 jun 2009

Tarde de viernes

Cómo me gustan las tardes de viernes... todo es más distendido, la gente tiene otro humor y parece que el mundo va a otra velocidad.

Es tiempo para conversaciones más auténticas, más relajadas, para tomarse un respiro después de finalizar la semana, lo que queda por delante es ocio y descanso, una perspectiva de dos días por delante para dejarse llevar. El sábado se va en un vuelo y el domingo... es agonizante, con el estilete sobre nuestras cabezas, amenazando con una nueva mañana de lunes, somnolienta y perezosa.

En estas tardes de viernes, en estas charlas más relajadas, aprecias todo con más detalle, son charlas en las que se mira más a los ojos, se escucha más a la otra persona y un café con un cigarro saben mucho mejor. Es en estos días cuando me doy cuenta de lo mucho que me gusta una buena charla, sin prisas, con contenido, dejando que el tiempo te atrape, intercambiando opiniones, puntos de vista, reflexiones, en definitiva, arreglando el mundo.

Creo que es cómo si en estas tardes todos dejásemos un poco de lado, nuestra parte individualista y nos sintiésemos más sociales, miembros de algo más allá de nuestras narices, eso me gusta, me atrae, une y eso gratifica, ya que uno se siente mejor.

A todo esto hay que sumarle algo significativo, el verano. Si una tarde de viernes me encanta, sumándolo a las noches de verano, con su olor tan especial, con ese calor en la piel, con el ambiente de las terrazas, realmente es algo que sana el espíritu. Me gusta que los lugares tengan vida, que las calles tengan gente y las terrazas estén llenas. Por eso me encantaba ir a Callao, a Gran Vía, o la puerta del Sol los viernes, por la vida que se respiraba en las calles, sin embargo, las noches de verano en Galicia tienen algo especial y es su olor, olor a naturaleza, a niñez, a vacaciones, a trasnochar, a los primeros amores, es algo especial, muy especial.

Sin duda estas primeras noches de calor de la primavera, son el momento que más me gusta de todo el año, porque al igual que los viernes con respecto al fin de semana, anticipan lo que está por llegar... el sonido de mar......... la piel cálida después de un día de playa........ su aroma después de acariciarlas de crema solar.....el fresco corriendo entre nuestros pies desnudos.......

Hoy es viernes y por unos instantes me he transportado a otro tiempo y he evocado sensaciones que empiezan a cobrar sentido en esta época del año, es algo que no cambia año a año y ojalá que siga siendo así.

Cómo diría ese personajillo tan especial, "ya huele a verano"

7 may 2009

Sueños rotos

Aunque parezca que lo que voy a escribir son los lamentos que emanan del alma por ver el tiempo transcurrir, en este caso no se trata de eso. Son reflexiones profundas, quizás amargas, pero no suponen caer en la dejadez, en la rutina, en el darse por vencido. Al menos no lo son conscientemente.
Estoy en un momento en el que creo que puedo hablar con mayor perspectiva, hay un camino por delante, pero también hay un camino recorrido. En estos momentos, cuando la vida va pasando día a día, hora a hora, me doy cuenta de que ya no hay tantas cosas nuevas por descubrir, hay muchas, cierto, pero ya no tantas como había tiempo atrás.
Recuerdo con nostalgia aquellos atardeceres de viernes, cuando la gente se echaba a la calle, cuando todo parecía cobrar vida de golpe, como preparándose para el comienzo de algo, lo distintas que eran aquellas tardes de las del resto de la semana... En aquellas tardes, lejanas ya, había un mundo por construír, ibas sembrando las semillas de la planta de la vida y lo mejor, es que todo estaba por construír, no había límites, sólo los que uno se iba marcando.
No sabes qué va a ser de tu vida, pero esa incertidumbre tiene algo de mágico, de ilusionante y lo mejor de todo es que disfrutas andando el camino, porque no hay meta a la vista.
El tiempo va pasando, vas dejando atrás encrucijadas y escogiendo tu camino, tomando decisiones, obrando en consecuencia y claro, en ciertos casos ya no hay vuelta atrás. No vuelve a haber un día más en tu vida en el que tienes 20 años y quieres ser abogado, mientras preparas un examen de dcho. comunitario, mientras sueñas con defender delante de un jurado una causa penal, ahora hay muchas cosas que ya no vas a hacer. Seguro que todo el mundo pensaría que esta es una visión pesimista de la vida, yo no la escribo con esa intención, solamente constato que hay cosas que ya se que no voy a hacer, cosas que por los caminos que he escogido, no puedo ya llegar a conseguir. Lo asumo, sin duda. Quedan todavía muchas otras que sí podré lograr.
No obstante, viendo la vida pasar, reconozco que me duele, que tengo cierta sensación de pérdida, de no abarcar todo aquello que quisiera.
Intentas seguir el camino correcto, ser fiel a tí mismo y a pesar de todo, no siempre recoges el fruto que tan bien has sembrado, que tan bien has regado, que tan bien has mimado, simplemente no está.
No siempre recibes el mismo trato de los que te rodean, como el que tú das a los demás.
No siempre recibes la confianza que otorgas.
No siempre contagias la misma ilusión que tú sientes.
No siempre te quieren de la misma manera que tu quieres.
No siempre te aman, de la misma manera que tu lo haces.
Si veo hacia atrás, probablemente esta sea la persona en la que me quería convertir, fiel a si misma, con la cabeza alta, sincera, respetuosa, tolerante, objetiva, humilde, sin embargo, el mundo que me rodea no es acorde a todo esto. Quizás me centré demasiado en cómo quería ser como persona, en que tipo de ser humano quería convertirme, que no me dí cuenta de que también el entorno es importante.
Siento nostalgia, sí, de aquellos tiempos en los que estaba todo por hacer, de los miedos que se sentían al ver hacia el futuro, porque aquellos miedos me hacían sentir muy vivo, hacían que disfrutase de cada momento que estaba viviendo.
La felicidad no es la meta, sin duda la felicidad es el camino. El mío lo era, un camino lleno de obstáculos, pero nítido. Lo disfrutaba muchísimo, porque no se había muerto ninguna de las plantas que estaba regando, todas iban creciendo, unas mejor otras peor, pero todas iban creciendo. Ahora se me ha muerto alguna, ¡Quien mucho abarca...!
Se me han escapado de las manos algunas de las cosas más importantes que tenía, unas más tangibles y otras más etéreas, cosas reales y sensaciones, dá igual, el caso es que algunas de esas plantas han desaparecido del jardín. Y parece muy dificil sembrar otra vez, porque hay ciertas cosas que sólo tienen razón de ser en un momento de la vida. Sólo hay un primer amor, sólo hay un primer beso, sólo hay un primer concierto, sólo hay una primera impresión....
Dentro de 10 años (espero que haya muchos años más), tendré más perspectiva que la que tengo ahora y seguro que valoro las cosas de forma distinta, pero hoy, con la claridad de la madrugada, tal y como siempre me gustó reflexionar, veo que la realidad que me toca vivir en este momento no me gusta, no la quiero, no me gusta renunciar a nada y me veo obligado a hacerlo.
Hay personas a las que tengo que dejar pasar, que sigan su camino, hay cosas que sé que jamás seré, hay cosas que sé que jamás conseguiré.... y no me gusta que se me rompan los sueños.