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8 feb 2013

El sueño de una noche de junio

Han pasado...buff, 11 o 12 años. La prueba de que uno se hace mayor es que le cuesta recordar, cada vez más, si las cosas pasaron en un año o en otro. Yo siempre he sido muy bueno para esas cosas y, sin embargo, todo empieza a hacerse borroso y a mezclar años.

Pues eso, hace ya más de 10 años, en una noche de junio, después de un día de tormentas veraniegas, fui por primera vez a un concierto de Los Secretos. Habían pasado dos o tres años del fallecimiento de Enrique Urquijo y la sensación que daba, es de que ese grupo se iría muriendo poco a poco, como todos aquellos que pierden a su vocalista y seña de identidad inconfundible. En este caso no podría ser más erróneo pensar eso.

Recuerdo que eran las fiestas grandes de la ciudad en la que estudiaba y todos los años había una buena oferta de conciertos gratuitos, además de alguno de pago, que solía ser para los artistas más de moda en ese momento. Los Secretos, en ese momento, digamos que era un concierto de relleno en medio de otros con mucho más caché.

Recuerdo que llegamos cuando el sol ya se acostaba en el horizonte y al ser al aire libre, después de un día de tormentas, llegaba un olor a tierra mojada que llenaba los pulmones. El verano estaba ya en su comienzo y la temperatura era agradable, una noche ideal para escuchar buena música. Llegamos pronto, los suficiente como para estar en la parte de delante, a pocos metros del escenario. No hubo un gran aforo ese día, no creo que hubiese más de 1.500 personas.

Álvaro Urquijo, además de guitarrista, tiene una voz más acogedora, más cálida y dulce que la de su hermano. Quizás no tenga ese noto nostálgico, tan roto, como la que tenía Enrique, ese lamento que impregnaba sus canciones, pero sin duda tiene una voz preciosa, desde la que los temas de siempre toman una dulzura, que les hace ser distintos. Dentro de unos días, Enrique cumpliría 53 años, pero apenas pudo llegar a los 39.

En aquellas 2 horas de concierto, hicieron un repaso a los grandes temas de siempre. "Amiga mala suerte", "Qué solo estás", "Déjame", "La calle del olvido", "Cambio de planes"...Desprendían un buen rollo increíble y contaban anécdotas de su ya larga carrera. Desde allí abajo, en los comienzos de mi veintena, veía como unos amigos que ya rozaban la cuarentena, homenajeaban a su líder ausente. Unos amigos que siendo adolescentes formaron un grupo y más de veinte años después, ya con sus familias, con muchos kilómetros en la mochila, seguían desprendiendo ilusión y buen rollo. Esa noche de junio, me enamoré de ellos.

A mi ya me gustaban sus canciones, tenía un par de cd e incluso algún cassette grabado, que habían sonado muchas veces en mi discman, pero descubrirlos en directo fue increíble, me ganaron para siempre.

Su despedida, cantando a capella, "sobre un vidrio mojado", resultó ser el broche de oro a una noche mágica, que años después sigue en mi memoria y me arranca una sonrisa (he encontrado un vídeo en el que hacen lo mismo como despedida, en Oviedo).


Hace un par de años, volví a un concierto suyo, también en verano, pero no hubo el mismo encanto, no hubo la misma magia. Puede ser porque hubiese muchas más que esas 1.500 personas, puede que yo ya no fuese aquel veinteañero, quién sabe...Lo que está claro es que aquella noche de junio de 2001 o 2002 es uno de los recuerdos que siempre llevaré en la mochila.


19 jul 2012

Canciones de tu vida (III)


Corría el año 1994 (hace ya 18 años....) cuando, entre otras, una canción pegadiza marcó el ritmo de mi primavera y sobre todo verano. Una canción de Bob Marley, cantada por un grupo reggae y que salía en la película "Reality bites".

El ritmo era pegadizo y su tono alegre, provocó que fuese una de las canciones más repetidas en las emisoras durante todo el verano.

Para mi, es escucharla y transportarme en el tiempo. Tenía nada más y nada menos que 15 añitos, estaba acabando 1º de BUP y la vida se antojaba maravillosa. Fue el verano en el que Laura Pausini irrumpió en nuestras vidas con su primer disco, Tassoti rompió la nariz a Luis Enrique e Italia nos echó del mundial de fútbol.

Las noches eran largas y cálidas, los amigos eternos, los amores utópicos, la familia un coñazo y el destino estaba por escribir.

No estoy seguro de qué queda de aquel niño de 15 años en mi, no sabría decir si es mucho o apenas nada. Si veo atrás en el tiempo, me gusta aquel chaval, si en aquel tiempo mirase adelante y me viese ahora... no sabría decir si me gustaría la visión o me horrorizaría. Es mucho más sencillo mirar atrás para valorar, que saber lo que pasará más adelante sin leer los capítulos intermedios.

Big Mountain triunfó ese verano y este Baby, I love your way se ha quedado en mi. Hoy la he vuelto a oir y he vuelto a viajar en el tiempo.




Baby I Love Your Way

Ooh Baby I love your way
Everyday, yeah

Shadows grow so long before my eyes,
and they're moving across the page.
Suddenly the day turns into night,
Far away from the city.

But don't, ho no, hesitate,
cause your love just won't wait

Ooh Baby I love your way. Everyday, yeah yeah
Wanna tell you I love your way. Everyday yeah yeah
Wanna be with you night and day.

Moon appears to shine and light the sky
With the help of some firefly.
Wonder how they have the power to shine,
Shine, shine, shine,
I can see them under the pine.

But don't, ho no, hesitate,
cause your love just won't wait

Ooh baby I love you way. Everyday, yeah yeah
Wanna tell you I love your way. Everyday, yeah yeah
I wanna be with you night and day.
Oh baby, oh baby please,
Everyday, yeah,
I will love, I will love ya,
I love your way, ooh baby, please

I can see the sunset in your eyes,
Brown and grey, and blue besides.
Clouds are stalking islands in the sun.
I wish I could buy one, out of season.

Oh don't hesitate, 'cause your love just won't wait
just won'twait)
Ooh baby I love your way (every, everyday)
I wanna tell you I love your way
I wanna be with you night and day
(Everyday, every way)

Ooh baby I love your way
(Ooh baby, ow, I love your little way)
I wanna tell I love your way
I wanna be with you night and day

1 feb 2012

Las canciones de tu vida (I)

Inauguro esta tarde una nueva sección, siguiendo la estela de nuestro compañero blogger JL, en su entretenida "Versiones imposibles". La mía será "Las canciones de tu vida" y aquí irán apareciendo canciones que en algún momento me han marcado o me han acompañado.

Acabo de descubrir que Sergio Dalma versiona a Marco Massini en su útimo disco y de golpe me he trasladado al verano del 95 (qué gran verano). Una canción me acompañó en esa etapa de primeros amores y sobre todo desamores y esta tarde se ha vuelto a presentar delante de mi, en otra voz, pero ha provocado que busque la original y me deslice hacia atrás a lo largo de los años.

Gran letra, increíble voz, inolvidable verano, amores perdidos, recuerdos adolescentes...


Te enamorarás aunque no de mi
tú estarás allí y sucederá lo sé, así.
De la libertad y de la amistad 
sé que pasarás, cuando te enamores, ya...verás.

Puedo verlo sin creerlo, como un poster de james dean
siento miedo sin tenerlo, escondido en mi blue-jean.
Es tan grande como el cielo es tan fuerte como un dios,
el amor más verdadero, el amor que no soy yo.

Te enamorarás de un bastardo que
te dirá mentiras y te reirás de mí…
¿Quién te defenderá del miedo de la noche
y de esta vida que no da más que reproches?

Te enamorarás, lo sé, pero no de mí 
con profundidad, como nunca imaginé de ti…

Ya te veo con tus llantos cuando allí te falte yo,
lavas, planchas, friegas platos y la vida dice no.
Un retraso de seis días, sin saber ni como fue
me verás en tu recuerdo tú que pasas hoy de mí.

Te enamorarás (de mí) pero no estaré (allí) 
te enamorarás y será muy tarde ya
y el cielo llorará, le faltará una estrella,
¡vete con tu felicidad!, eres tan bella...



29 ago 2011

I'm back

Agosto va llegando lentamente a su fin y yo he vuelto al mundo real. Se acabaron las vacaciones y la vuelta al cole ha sido durilla, pero una semana después, ya estoy más que adaptado.

He tenido suerte con el clima y he podido ir a la playa, aunque no tanto como quisiera. El moreno de este año no ha sido como el del año pasado (black chamuscado), pero no ha estado mal.

Este año no he desconectado tanto como en años anteriores y las vacaciones no han sido lo suficientemente reparadoras, pero aún me quedan dos semanitas más para desconectar, antes de que 2012 llame a la puerta.

Poco a poco habrá que ir volviendo a la rutina e intentando cumplir esos propósitos que uno se plantea en verano.

...y también habrá que ir retomanto la vida desde mi ventana, que últimamente ha estado un poco parada abandonada.

Y para retomar la actividad, qué mejor que un temazo de dos "novatillos"




27 jun 2011

Atascos

Ayer fue domingo de playa, lo cual supone casi con toda probabilidad, atasco.

Posiblemente el atasco sea a la vuelta, ya que la ida suele ser más escalonada y la vuelta... más o menos a la misma hora. A todos los que vivimos en localidades costeras, no nos asusta este tipo de situaciones, ya que estamos acostumbrados a vivirlas todos los años, pero....

lo que viví ayer... y ahora comienzo con lo que que viene siendo una entrada de CRÍTICA SOCIAL......la gente tiene menos neuronas en su cerebro, que yo pelos verdes en las cejas.

En plena autopista, una de las vías en las que más rápido se circula, como hay atasco y a veces se ralentiza mucho la circulación... no se me ocurre otra cosa que parar el coche, bajarme, ir al maletero, buscar en una mochila y finalmente llevármela conmigo al asiento de copiloto. Mientras tanto, los coches que iban delante mío, ya están lejos, los del carril de al lado, pasan a mi lado a una velocidad que supera los 70 u 80 km/hora,...pero yo soy guay y ya tengo mi mochila...

La gente es tonta, inconsciente y después hay desgracias... pues no me extaña!!!

Tres vehículos más atrás estaba yo, apreciando la escena y con los ojos como platos. Uno piensa que lo ha visto todo y no, todavía no.

FIN DE LA CRÍTICA SOCIAL

Voy a dar unos seminarios en los próximos meses, cuyos títulos serán los siguientes:

"Montar un atasco, en tres simples pasos"
"La rotonda, ese mundo desconocido"
"Desgaste del carril izquierdo por uso abusivo"

Buf... he dicho

1 jun 2011

Junio

Llega Junio, se acerca el verano...

Soy más de primavera o de otoño, pero el verano me encanta y la verdad es que ya lo echo de menos.

Por unas cosas o por otras, todavía no he ido a la playa y ese rumor del mar me llama desde hace unas semanas... cómo lo echo de menos!

Me gustan las tardes largas, con sus anocheceres cálidos, poca ropa y cielo estrellado... ya están aquí.

En otras épocas, que quedan atrás en el tiempo, cuando llegaba junio saltábamos de alegría porque llegaban las vacaciones. Las vacaciones de verano, cuando eres un niño.... no son ninguna tontería, son algo grande, nos trasforma, nos hace vivir cosas que nunca olvidaremos. Esos tres meses, son más importantes que los nueve restantes.

Cuando llegas a la universidad, junio se convierte en un mes infernal, una reválida en la que demostrar lo útil que ha sido el año,lo que has trabajado y, sin duda, en junio, de lo más que te acuerdas es de... septiembre.

Cuando entras en el mundo laboral... junio... es un mes más. Ya no hay vacaciones eternas, ya no hay exámenes (o los hay, pero a diario). Deseas tener tus semanas de vacaciones, pero junio deja de ser lo que era.

Todavía veo las vacaciones lejanas, pero estoy deseando poder quedarme en la playa, mientras veo la puesta de sol desde la orilla, sus últimos brillos sobre la ría y el vacío que va quedando poco a poco en la arena. Para mi, eso es paz, es relajación, es lo que me reactiva....falta poco.

Llega Junio, llega el verano, llegan los recuerdos de otros veranos...

La foto no es mía... pero es Vigo

3 sept 2010

El síndrome de Pancho

Después de explicar cómo fueron mis veranos en la adolescencia, hoy explicaré lo que llamo como el “síndrome de Pancho”.

Como he dicho en alguna otra entrada, septiembre es, para mí, el peor mes del año. Es un mes muy triste y deprimente, demasiado nostálgico. Y lo es por el llamado síndrome de Pancho.

Cuando el verano tocaba a su fin y sus padres tenían que reincorporarse a sus puestos de trabajo, nuestros amigos veraneantes tenían que volver a sus lugares de origen, a retomar su rutina de vida. Aunque separarse siempre era duro, ellos tenían algunos alicientes y es que volvían a ver a sus amigos de todo el año, después de uno o dos meses sin verlos.

El problema era para aquellos que nos quedábamos, ya que no había amigos nuevos a los que ver, simplemente esperar a que pasase rápido septiembre para volver a las clases y allí sí, volver a ver a aquellos compañeros que no veíamos desde junio. Pero mientras tanto… había que superar el mes de septiembre, sin mucho que hacer, con los días más cortos, con las primeras noches fresquitas, con una tristeza en el ambiente, que parecía que no pasaba nada.

Ese es el llamado síndrome de Pancho, que era aquel personaje de Verano Azul, que era el único que era del pueblo al que iban todos de vacaciones. Pancho seguía trabajando en el pueblo mientras sus amigos se iban a la playa, pero aprovechaba para hacer cosas con ellos en su tiempo libre. Sin embargo, llegado el final del verano, todos se iban y Pancho se quedaba allí, mientras sus amigos volvían a la capital, en dónde seguían viéndose. Pancho no. Pancho no les volvería a ver hasta el año siguiente, mientras seguía pasando por el mismo pueblo, por las mismas calles y mismas playas, en las que un tiempo atrás habían compartido tantas cosas.



Para alguien tan nostálgico como yo, siempre es preferible se el turista, que no el Pancho de turno. No he tenido (hasta que he sido adulto y me he ido fuera a vivir), esa sensación tan especial que tendrían mis amigos el primer día de vacaciones, cuando estaban llegando al pueblo, después de 10 u 11 meses sin verlo. Cuando veían por la ventanilla del coche acercarse su destino. Esa ilusión por ver, después de tanto tiempo a tus amigos, con los que habías mantenido el contacto por carta. No lo he vivido y, en parte, me hubiese gustado.

A mí me ha tocado ser siempre Pancho…

31 ago 2010

Veranos

Yo soy de un pueblo de Galicia, cercano a Vigo. Un pueblo en el que no hay un número demasiado elevado de habitantes, pero que en la época veraniega se llenaba de gente, no tanto por sus valores turísticos, sino más bien por que regresaban a descansar unos días aquellos que en su momento tuvieron que partir en busca de un destino mejor y buscarse la vida.

Los gallegos hemos sido una gente emigrante desde siempre y en mi pueblo eso no era una excepción. Hace años, los chicos jóvenes (no tanto las chicas), se iban a la capital o al extranjero, en busca de las oportunidades que aquí no tenían y con el tiempo iban echando raíces en esos lugares. Pero los gallegos tenemos lo que se llama “morriña”, esa nostalgia y apego a la tierra que hace que no nos desvinculemos del todo. Así es como siendo ya adultos, con familias ya hechas, siempre volvían, al menos para pasar las vacaciones.

Esas vueltas a la tierra, años después de la partida, provocó que los que estábamos en el pueblo conociésemos a sus hijos o nietos y en muchos casos hiciésemos amistad con ellos.

El verano se convirtió desde ese momento en la época más especial del año, no sólo por las vacaciones, sino porque era cuando podíamos ver a esos amigos que no veíamos el resto del año.

Los días eran muy especiales, al compartirlos con gente que es tan distinta. Gente que vive una vida diferente a la tuya, en una ciudad grande como Madrid o Barcelona, o en otro país, como Francia o Suiza. Para mí siempre fue como un soplo de aire fresco, compartir cosas con gente distinta, que vive cosas distintas, enriquece muchísimo.

Los vínculos que se crearon a lo largo del tiempo han sido fuertes, ya que en muchos casos seguimos manteniendo unos fuertes lazos de amistad, a pesar de que con el tiempo, al hacernos mayores y acceder al mercado laboral, no disponemos del mismo tiempo para compartir. Algunos ya tienen familia y esas familias también tienen sus propios sitios de vacaciones con su propia historia de amistad o de familia, pero a pesar de todo, siempre hay tiempo para una escapada, para vernos o mantenernos en contacto.

En nuestra época no había redes sociales, no teníamos un acceso a los correos electrónicos o a las telecomunicaciones como existe hoy en día, pero a pesar de ello, nuestros lazos se hicieron fuertes y nuestra amistad superó todas esas adversidades.

Estos días de verano he vuelto a compartir cosas con alguna de esta gente, como si el tiempo no pasase, a pesar de que hace ya más de 15 años que nos conocemos. Espero que continúen en mi vida por muchos años más y sigamos compartiendo estos momentos y formando parte de cada una de nuestras vidas.

24 ago 2010

Se acaba

Se acaba lo bueno, se va el veranito, se acaba la playa, el buen tiempo, el calorcito, las terrazas…

Como ya he dicho en otras entradas, me encanta el verano. No es mi estación favorita, pero me encanta el buen tiempo.

Primero se acaban las vacaciones, después llegan los días grises, cómo ayer. Después los días se hacen más cortos y cuando te das cuenta estás en septiembre, que para mí es el mes más triste del año, el más melancólico y más deprimente (ya haré una entrada al respecto).

El caso es que se nos va el verano y para muestra un botón. El pasado viernes fui por la tarde a la playa y estaba nublado. Aproveché para hacer la típica foto en la arena con mi nombre…

El sábado más de lo mismo, un día caluroso y soleado y a media tarde llegaron las nubes. A recoger la toalla y de vuelta a casa.

La semana pasada fui a correr al salir de trabajar y entre una cosa y otra, cuando llegué a casa no eran ni las 10 y ya era noche.

No me puedo quejar, ya que ha sido un verano increíble en cuanto a lo climatológico en Galicia, pero uno se acostumbra a lo bueno… y no quiere que se acabe.

Os dejo unas fotos de mi playita. En dónde he pasado tardes y tardes y que tanto me apasiona.

12 ago 2010

Ya estoy de vuelta

Estoy, pero como si no estuviese... como cuesta...

Han sido dos semanas tremendas, en lo que al clima se refiere. Estoy negro, pero negro de verdad. Los pliegues de entre los dedos son blancos y el contraste es espectacular.

Mucha playa, mucha, mucha... muchos largos en el mar, mucha lectura (ya estoy por la mitad del último de Stieg Larsson), musiquita, paseos, en definitiva... mucho "desestrés". He cargado pilas, me he relajado y la vuelta está siendo aceptable... aunque no querría... porque se está tan bien de vacaciones....

El caso es que quería haber escrito alguna cosilla, pero la verdad es que llegado el momento, no me apetecía ponerme al ordenador.

Me encanta el verano, me encantan las noches de terraza, la ducha de después de la playa, el helado a media tarde, secarme al sol, nadar, nadar y nadar... me encanta el verano.

Este verano además está siendo realmente estupendo en cuanto al clima, ya que no recuerdo de uno tan soleado durante tanto tiempo seguido en Galicia, qué gozada. Lo único malo es que con la vuelta al trabajo, parece que ya se acaba... pero no.. agotaré los fines de semana de buen tiempo, mientras los haya, no quiero que se me vaya este bronceado tan duramente conseguido...

Mi mente vacacional ya maduró un par de entradas mientras vegetaba en la toalla al sol, que espero publicar en breve. Mientras tanto... qué dura es la vuelta.

20 jul 2010

Yo te doy cremita, tú me das cremita

La pasada semana fui a la playa dos días y fui sólo. Me encanta la playa, me gusta tanto que no me importa ir sólo si tengo un hueco. Me relaja, del agua a la toalla, de la toalla al agua. Un poquito de música, un poquito de lectura y en un par de horas estoy como nuevo, totalmente reactivado.

Fuero dos días de bastante calor y pegando fuerte el sol y claro, hay que protegerse, así que me extendí la correspondiente dosis de crema por mi cuerpo serrano, para evitar quemarme y pasarlo mal, pero este fue un objetivo conseguido a medias, me explico:

Todo mi cuerpo adquirió un precioso tono moreno, un colorcillo, tampoco me puse negro, pero bien, no está mal el tono conseguido. Solo hay un pequeño problema, me quemé. Pero no me quemé de manera uniforme, sino que sólo me quemé en la parte media de la espalda y es que… es muy difícil darse crema a uno mismo en esa zona.

A ver… por los hombros y parte superior de la espalda, con un esfuerzo se puede conseguir. En la zona lumbar, pues también, a poco que uno sea mínimamente hábil. Pero hay una zona, la zona dorsal, creo que se llama, a la que es difícil llegar. No sé si es que tengo unos brazos muy cortos, una espalda muy ancha o que soy poco flexible, pero el caso es que ahí no llego… y me quemé.

El otro día, mientras hablaba con una amiga, salió el tema de conversación y ella me preguntó inocentemente por qué no le había pedido a alguien que me echase crema…

…. A QUIÉN???

Pensadlo bien… si se lo pido a una chica, probablemente ella piense “vaya salido que intenta ligar conmigo y quiere que le sobe”, si se lo pido a un chico, imaginaos lo que pensará… con lo cual las opciones se quedan en:

A.- ME QUEMO

B.- NO ME DOY LA VUELTA EN TODA LA TARDE

Y es que estamos muy influenciados por la sociedad, hay unos clichés tan establecidos, que algo tan normal como ayudar a alguien en una situación en la que lo necesita, pero que requiere de contacto físico, conlleva la duda de las oscuras intenciones que puede haber detrás.

Yo mismo me sentiría raro si un chico viniese y me pidiese que le untase con crema, y desconcertado si fuese una chica… sin embargo… tan raro es??? No debiera, pero es así.

A mi ya se me pasó el enrojecimiento de mi zona dorsal y creo que sin demasiadas consecuencias, pero la próxima vez que vaya a la playa… supongo que me encontraré en la misma situación y me acordaré de mi amiga.

Saludos