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19 jul 2012

Canciones de tu vida (III)


Corría el año 1994 (hace ya 18 años....) cuando, entre otras, una canción pegadiza marcó el ritmo de mi primavera y sobre todo verano. Una canción de Bob Marley, cantada por un grupo reggae y que salía en la película "Reality bites".

El ritmo era pegadizo y su tono alegre, provocó que fuese una de las canciones más repetidas en las emisoras durante todo el verano.

Para mi, es escucharla y transportarme en el tiempo. Tenía nada más y nada menos que 15 añitos, estaba acabando 1º de BUP y la vida se antojaba maravillosa. Fue el verano en el que Laura Pausini irrumpió en nuestras vidas con su primer disco, Tassoti rompió la nariz a Luis Enrique e Italia nos echó del mundial de fútbol.

Las noches eran largas y cálidas, los amigos eternos, los amores utópicos, la familia un coñazo y el destino estaba por escribir.

No estoy seguro de qué queda de aquel niño de 15 años en mi, no sabría decir si es mucho o apenas nada. Si veo atrás en el tiempo, me gusta aquel chaval, si en aquel tiempo mirase adelante y me viese ahora... no sabría decir si me gustaría la visión o me horrorizaría. Es mucho más sencillo mirar atrás para valorar, que saber lo que pasará más adelante sin leer los capítulos intermedios.

Big Mountain triunfó ese verano y este Baby, I love your way se ha quedado en mi. Hoy la he vuelto a oir y he vuelto a viajar en el tiempo.




Baby I Love Your Way

Ooh Baby I love your way
Everyday, yeah

Shadows grow so long before my eyes,
and they're moving across the page.
Suddenly the day turns into night,
Far away from the city.

But don't, ho no, hesitate,
cause your love just won't wait

Ooh Baby I love your way. Everyday, yeah yeah
Wanna tell you I love your way. Everyday yeah yeah
Wanna be with you night and day.

Moon appears to shine and light the sky
With the help of some firefly.
Wonder how they have the power to shine,
Shine, shine, shine,
I can see them under the pine.

But don't, ho no, hesitate,
cause your love just won't wait

Ooh baby I love you way. Everyday, yeah yeah
Wanna tell you I love your way. Everyday, yeah yeah
I wanna be with you night and day.
Oh baby, oh baby please,
Everyday, yeah,
I will love, I will love ya,
I love your way, ooh baby, please

I can see the sunset in your eyes,
Brown and grey, and blue besides.
Clouds are stalking islands in the sun.
I wish I could buy one, out of season.

Oh don't hesitate, 'cause your love just won't wait
just won'twait)
Ooh baby I love your way (every, everyday)
I wanna tell you I love your way
I wanna be with you night and day
(Everyday, every way)

Ooh baby I love your way
(Ooh baby, ow, I love your little way)
I wanna tell I love your way
I wanna be with you night and day

28 oct 2011

A 1.000 centímetros


Me encantan los viernes, es algo que ya he comentado en alguna que otra entrada. Sus tardes tienen algo de especial y si son tardes de otoño o de primavera, mucho más.

Si el final de una tarde de viernes, viene acompañado de una sesión de cine, o de una charla de café con amigos, un paseo por la orilla del mar o un concierto de alguien que te gusta mucho, la tarde deja de ser simplemente especial, para convertirse en inolvidable.

Hace hoy una semana, me senté en mi butaca de la segunda fila del Teatro Caixanova de Vigo a eso de las ocho y veinte de la tarde. Faltaban apenas unos minutos para que a 10 metros de mí, estuviese Carlos Goñi, para que a solo 1.000 centímetros tocase su guitarra y sonase su voz.

No soy un mitómano, la verdad. Puedo cruzarme por la calle con un famoso y, mientras todo el mundo se gira y comenta, yo lo veo y sigo a lo mío. Pocas personas pueden fascinarme hasta el punto de provocar cambios en mi comportamiento. El viernes pasado estaba tranquilo, como siempre, como siempre desde hace mucho tiempo en cualquier evento al que acuda.

En el escenario apenas había una caja de estilo árabes y un par de sillas, dos o tres guitarras y unos micrófonos. Un atril bajo que sostenía el peso de un libreto de canciones de Revólver, de tantas canciones que uno no sabe con cuál quedarse.

Goñi fue puntual, apenas pasaban unos minutos de las 20.30 y allí estaba él, saludando, recordando que “hace tiempo que no nos vemos las caras”. Había salido entre el humo que soltaron durante unos minutos para crear una atmósfera especial. No era necesario, esa atmósfera la creó Carlos en cuanto sonaron los primeros acordes de su guitarra.

Había leído y me habían contado que no es cercano, que incluso llega a ser borde, no lo sé, pero sí que es distante, educado y amable, pero en la distancia. Es muy profesional, muy perfeccionista y se nota que le gusta lo que hace, se nota que la música es su vida.

Me gustó el estilo del concierto, acústico, sin nada más que sus guitarras y el acordeón de Cuco Pérez en algunas canciones. Me gustó que no hubiese nada programado, sino que las canciones fuesen surgiendo, algo que él dejó claro cuando comenzó el espectáculo, que las canciones irían surgiendo.

Como ya he dicho, estaba tranquilo, pero en la segunda canción… se me puso un nudo en el estómago. “Esta noche tengo más de lo normal”… reconozco que me emocioné. Los ojos se me humedecieron, ya que esa canción me traslada muchos años en el tiempo y me recuerda a una persona que ya no está, que hace muchos años que no está. No fue la única canción que me tocó la fibra...

Entre canción y canción, mientras pasaba las páginas del libreto que tenía delante, nos hablaba, nos contaba cosas, incluso bromeaba.

Nos habló de que su padre dejó a su familia cuando él era pequeño, para buscar una oportunidad mejor en Venezuela, pero su fracaso provocó que no regresase y que no volviesen a verle.

Nos habló de su hijo, de 22 años, que ha tenido que emigrar, para poder buscar un trabajo en la vida. Nos habló de la emigración, de la que tanto sabemos los gallegos y de la inmigración. De lo hipócritas que somos y de la poca memora que tenemos. De cómo nos trataron a nosotros y de cómo tratamos nosotros a los demás.

Nos habló de su madre, de su abuela, de su mundo… Nos explicó el significado de algunas de sus canciones y así, una tras otra, viejas y nuevas, se fueron sucediendo durante la noche.

Faro de Lisboa, San Pedro, Eldorado, El peligro, Fuera de lugar, Esperando mi tren…. Me faltó “El roce de tu piel”, “Calle mayor” o “Los surcos de tu espalda”, pero en general todos vibramos con el recital, acompañando con nuestras voces, cada una de esas canciones.

 

Durante 2 horas y media no pensé en los problemas, en el trabajo o en las cosas que estaban fuera del teatro, durante más de 2 horas, sólo disfruté y sentí, consiguiendo salir renovado, una vez finalizó todo.

Se notaba que el público era fiel, que estaba entregado y Carlos supo reconocerlo, dando lo mejor de sí mismo, de principio a fin.

Lo único que lamentar es la mala educación de los de siempre, que no paran de hacer fotos, molestando con sus flashes a los artistas y también a los que estamos disfrutando del espectáculo. Da igual que se les llame la atención, su falta de respeto es tan absoluta que les da igual si molestan o no. La tecnología nos ha traído muchísimas cosas buenas, pero también la demostración de que hay gente que no sabe comportarse en sociedad.

Antes de cada canción, nos explicaba su sentido, o nos contaba una anecdota y daba paso a las primeras notas con un "y esta canción, hace así...". El vídeo que os dejo, por su forma de hablar, por su forma de explicar, es fiel reflejo de cómo es Carlos Goñi, de cómo fue la tarde del viernes pasado, de como se ha hecho un hueco para siempre, dentro de la cajita de mis recuerdos.. Simplemente darle las gracias.



20 sept 2011

Hermanos de sangre


Tengo un hermano, que en realidad no lo es. En realidad somos primos… aunque no lo seamos.

Nuestras abuelas eran primas, lo cual nos deja a nosotros en un lugar lejano, dentro del parentesco, pero… somos hermanos.

Lo quiero con locura, porque es muy especial. Porque siempre lo ha sido y porque estoy convencido de que siempre lo será.

La vida nos ha ido separando un poco con el paso del tiempo, algo que por otra parte es normal y pasa mucho. Pero siempre nos vuelve a acercar de vez en cuando y es como si el tiempo no hubiese pasado.

Es una persona muy especial, siempre con una sonrisa en la boca, independientemente del estado de ánimo o las dificultades que esté afrontando en ese momento. Ahora mismo las dificultades son a nivel laboral, pero su sonrisa siempre permanece intacta.

Es capaz de decirte muchas cosas, sin ni siquiera pronunciar una palabra. Es un pilar estable, que siempre está ahí para todo el mundo, que siempre levanta la mano el primero y no puedo más que agradecer que me considere su mejor amigo.

Nuestra vida está llena de anécdotas juntos. Hemos vivido muchas cosas a lo largo de los años y recordarlas de vez en cuando, te hace darte cuenta de lo especial que es esta relación, de lo mucho que nos une.

Es la única persona que sigue en mi vida desde que éramos unos críos, que ha vivido a mi lado cada momento de mi vida. Es la primera persona que me viene a la cabeza cuando hablo de la amistad.

Nuestros primeros amores: Recuerdo cuando tenía unos 11 o 12 años y estaba en su casa escribiendo una carta de amor a una chica que había conocido. También lo tontorrón que se puso cuando le gustó una chica por primera vez y las ganas que siempre tuvo de tener novia.

La primera salidas.- Nunca olvidaré la primera vez que le dejaron salir de fiesta hasta tarde… los bailes a lo Carlton, la mirada de ilusión en su rostro.

El fútbol.- La cantidad de fines de semana, de entrenamientos, de partidos, victorias y derrotas. Los torneos de fútbol sala en verano, toda la madrugada.

Los desastres amorosos.- Siempre estuvimos ahí el uno para el otro, por más que las cosas del corazón nos diesen la espalda de vez en cuando.

El primer coche.- Buf, lo que disfrutamos con aquel Ford Fiesta. Debería haber una ley que obligase a conservar el primer coche, como símbolo del paso a la madurez.

El primer trabajo, la universidad, el paso a la edad adulta, los problemas de “mayores”… incluso el matrimonio, cuando decidió dar el paso….

Le quiero mucho, muchísimo. Hay lazos que son tan fuertes como los de la sangre, o más…

Es mi hermano y siempre estaremos juntos, aunque nos separe un millón de kilómetreos de distancia.


Feliz cumpleaños amigo, primo, hermano.


Hay muchísimas canciones que podría poner aquí, pero sin ser la más maravillosa, ni la que más recuerdos nos puede traer, dice cosas con tanto significado... que es la que mejor expresa lo que eres para mi.






12 sept 2011

Tachones


Me independicé hace 4 años, dejando atrás la casa de mis padres para comenzar una nueva aventura.

Es complicado meter tu vida en cajas y llevártela contigo, como un caracol, por lo que muchas de mis cosas se quedaron en casa de mi madre.

Hace poco, me pasé por allí y al ver muchas de esas cajas, no pude reprimir el gusanillo y estuve echando un ojo… así que me llevé unas cuantas cosas. El resto sigue estando allí… quién sabe por cuánto tiempo.

Una de las cosas que me llevé, fue una caja de zapatos llena de cartas, cartas de hace más de diez años.
Estos días he estado leyendo alguna de ellas, sorprendiéndome de los problemas existenciales de mis amigos, incluso de los míos propios. Problemas académicos, con los padres, con otros amigos y sobre todo, el tema estrella… el amor.

Más allá de lo relativo que puede ser el punto de vista que se tiene sobre la vida, en función de la edad que tengas… hay algo que tienen esas cartas, que las hace muy especiales. Los tachones.

Hoy en día vivimos en un mundo absolutamente tecnológico, en el que comunicarse por el móvil o con un ordenador, es lo más normal. Si bien es cierto que es mucho más cómodo y facilita la inmediatez, la fluidez, la frecuencia, etc, se ha perdido mucho encanto.

Escribir de tu puño y letra algo hace que dejes tu sello, tu esencia. Se manifiesta tu estado de ánimo de otro modo, más natural. Cuando el subconsciente te traiciona y escribes una palabra en lugar de otra… pero te das cuenta y la tachas. Tachón entre paréntesis…. Hoy en día ya no existe eso.

Los correos son más pulcros, si te equivocas, corriges y ese error… es como si nunca hubiese existido. Ese es uno de los síntomas de la comunicación más impersonal que existe hoy en día.

La letra de cada uno, como hacemos las a, o como hacemos las l, si le ponemos barriga a la g, o a la j…. cada día escribimos menos a mano. En aquella época, yo reconocía la letra de mis amigos, incluso la de los compañeros de clase. Hoy en día, no sé reconocer la letra de compañeros con los que llevo trabajando 6 años.

Quitando alguna postal, muy de vez en cuando… no recuerdo cuándo fue la última vez que recibí una carta manuscrita. Lo único que recojo del buzón, son facturas y publicidad.

Hubo una época en la que la llegada de cartas al buzón, producía un gusanillo en el estómago, por la duda de si alguien me habría escrito. Ese tiempo ya acabó, se fue… para no volver.


9 sept 2011

Hace 7 años...


Hace hoy 7 años fue un día largo, muy largo.

Como siempre en aquellos exámenes, jugabas con el tiempo a tu antojo. La única hora obligatoria era la de las 10, hora del examen práctico, después… horas de angustia, de últimos repasos, de miradas perdidas, de cansancio que se iba acumulando.

Acabé el examen práctico y me fui a un aula a darle una nueva vuelta de tuerca a los apuntes, tanto que se me hizo tarde hasta para comer un bocata en la cafetería.

El problema de los exámenes orales, es que no te puedes hacer una idea exacta de a qué hora te tocará, puesto que los que van antes que tú pueden acabar en un santiamén, por no saber lo que les preguntan o bien pueden extenderse durante un buen rato, demostrando sus amplios conocimientos de la materia. Estás, por tanto, obligado a acercarte por la sala de torturas, con antelación suficiente para que no te coja el toro.

Fui de los últimos, por no decir el último. Me crucé con un compañero en la puerta al patíbulo, desconsolado, diciéndome lo que le habían preguntado y con esa ansiedad extraña que a uno le entra, todavía le eché un ojo a una de las preguntas que le habían formulado, puesto que en ese momento me dio la sensación de no acordarme.

Cuando entré y saqué las bolitas de los temas, me di cuenta de que ese fugaz repaso que acababa de realizar, podría haberme dado un aprobado que acabase con esa tortura que duraba ya varios años. Así fue. La misma pregunta, ya que ese tema no daba mucho más de si.

Me salió un gran examen. Cuando salí por la puerta, estaba convencido de que aprobaría.
Pasaban los días y la espera estaba convirtiendo esa sensación de esperanza, en una agonía por la incertidumbre. Lo que pensaba haber hecho tan bien, ya me daba la sensación de no haber sido completamente correcto.

Unos 10 días después, llamé a la universidad y me dijeron que sí, que ya estaban publicadas las notas. En aquella época, algo del todo incomprensible, no se publicaban las notas por internet, por lo que me cogí un autobús y me fui en busca de mi resultado.

Soy una persona tranquila, por norma general, que no se altera por estos temas, ni tampoco por otros, pero estaba nervioso.

Subiendo en el ascensor, mi estómago decidió comenzar a doler, intensamente. 

Llegué a ese pasillo, y me fui acercando a las vitrinas. Estaba sólo allí.

Siempre fui capaz de localizar en las listas a mis compañeros y a mí mismo, antes que ellos encontrasen siquiera la lista y esa vez no fue una excepción.

Allí estaba mi nombre.

Allí estaba la nota.

Allí estaba mi notable en Dcho. Financiero y Tributario II.

Allí y en aquel momento, había acabado la carrera.

Han pasado ya 7 años desde aquel examen. A estas horas, en 2004, estaba en un aula, con 400 hojas de apuntes, un código y un manojo de nervios.

No soy la misma persona y en cierto modo lo añoro. Echo de menos a aquel chico que tenía un millón de sueños y cosas por hacer. Seguramente si desde aquella aula pudiese verme a mí mismo 7 años después, habría estado contento con lo que veía….o no. He ganado cosas, pero también he perdido muchas otras.

Desde aquel asiento en la grada de mi clase, llamé a un amigo para felicitarle el cumpleaños. Hoy no lo llamaré, porque ya no está en mi vida, pero sé que es su cumpleaños y sé que aquel día, uno de los más importantes de mi vida, hice un paréntesis para felicitarle. Probablemente él no lo recuerde…

La vida está llena de momentos importantes; recordarlos, en ocasiones puede hacer que los revivamos y no desaparezcan.