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1 jun 2011

Junio

Llega Junio, se acerca el verano...

Soy más de primavera o de otoño, pero el verano me encanta y la verdad es que ya lo echo de menos.

Por unas cosas o por otras, todavía no he ido a la playa y ese rumor del mar me llama desde hace unas semanas... cómo lo echo de menos!

Me gustan las tardes largas, con sus anocheceres cálidos, poca ropa y cielo estrellado... ya están aquí.

En otras épocas, que quedan atrás en el tiempo, cuando llegaba junio saltábamos de alegría porque llegaban las vacaciones. Las vacaciones de verano, cuando eres un niño.... no son ninguna tontería, son algo grande, nos trasforma, nos hace vivir cosas que nunca olvidaremos. Esos tres meses, son más importantes que los nueve restantes.

Cuando llegas a la universidad, junio se convierte en un mes infernal, una reválida en la que demostrar lo útil que ha sido el año,lo que has trabajado y, sin duda, en junio, de lo más que te acuerdas es de... septiembre.

Cuando entras en el mundo laboral... junio... es un mes más. Ya no hay vacaciones eternas, ya no hay exámenes (o los hay, pero a diario). Deseas tener tus semanas de vacaciones, pero junio deja de ser lo que era.

Todavía veo las vacaciones lejanas, pero estoy deseando poder quedarme en la playa, mientras veo la puesta de sol desde la orilla, sus últimos brillos sobre la ría y el vacío que va quedando poco a poco en la arena. Para mi, eso es paz, es relajación, es lo que me reactiva....falta poco.

Llega Junio, llega el verano, llegan los recuerdos de otros veranos...

La foto no es mía... pero es Vigo

31 ago 2010

Veranos

Yo soy de un pueblo de Galicia, cercano a Vigo. Un pueblo en el que no hay un número demasiado elevado de habitantes, pero que en la época veraniega se llenaba de gente, no tanto por sus valores turísticos, sino más bien por que regresaban a descansar unos días aquellos que en su momento tuvieron que partir en busca de un destino mejor y buscarse la vida.

Los gallegos hemos sido una gente emigrante desde siempre y en mi pueblo eso no era una excepción. Hace años, los chicos jóvenes (no tanto las chicas), se iban a la capital o al extranjero, en busca de las oportunidades que aquí no tenían y con el tiempo iban echando raíces en esos lugares. Pero los gallegos tenemos lo que se llama “morriña”, esa nostalgia y apego a la tierra que hace que no nos desvinculemos del todo. Así es como siendo ya adultos, con familias ya hechas, siempre volvían, al menos para pasar las vacaciones.

Esas vueltas a la tierra, años después de la partida, provocó que los que estábamos en el pueblo conociésemos a sus hijos o nietos y en muchos casos hiciésemos amistad con ellos.

El verano se convirtió desde ese momento en la época más especial del año, no sólo por las vacaciones, sino porque era cuando podíamos ver a esos amigos que no veíamos el resto del año.

Los días eran muy especiales, al compartirlos con gente que es tan distinta. Gente que vive una vida diferente a la tuya, en una ciudad grande como Madrid o Barcelona, o en otro país, como Francia o Suiza. Para mí siempre fue como un soplo de aire fresco, compartir cosas con gente distinta, que vive cosas distintas, enriquece muchísimo.

Los vínculos que se crearon a lo largo del tiempo han sido fuertes, ya que en muchos casos seguimos manteniendo unos fuertes lazos de amistad, a pesar de que con el tiempo, al hacernos mayores y acceder al mercado laboral, no disponemos del mismo tiempo para compartir. Algunos ya tienen familia y esas familias también tienen sus propios sitios de vacaciones con su propia historia de amistad o de familia, pero a pesar de todo, siempre hay tiempo para una escapada, para vernos o mantenernos en contacto.

En nuestra época no había redes sociales, no teníamos un acceso a los correos electrónicos o a las telecomunicaciones como existe hoy en día, pero a pesar de ello, nuestros lazos se hicieron fuertes y nuestra amistad superó todas esas adversidades.

Estos días de verano he vuelto a compartir cosas con alguna de esta gente, como si el tiempo no pasase, a pesar de que hace ya más de 15 años que nos conocemos. Espero que continúen en mi vida por muchos años más y sigamos compartiendo estos momentos y formando parte de cada una de nuestras vidas.