Se acaba lo bueno, se va el veranito, se acaba la playa, el buen tiempo, el calorcito, las terrazas…
Como ya he dicho en otras entradas, me encanta el verano. No es mi estación favorita, pero me encanta el buen tiempo.
Primero se acaban las vacaciones, después llegan los días grises, cómo ayer. Después los días se hacen más cortos y cuando te das cuenta estás en septiembre, que para mí es el mes más triste del año, el más melancólico y más deprimente (ya haré una entrada al respecto).
El caso es que se nos va el verano y para muestra un botón. El pasado viernes fui por la tarde a la playa y estaba nublado. Aproveché para hacer la típica foto en la arena con mi nombre…
El sábado más de lo mismo, un día caluroso y soleado y a media tarde llegaron las nubes. A recoger la toalla y de vuelta a casa.
La semana pasada fui a correr al salir de trabajar y entre una cosa y otra, cuando llegué a casa no eran ni las 10 y ya era noche.
No me puedo quejar, ya que ha sido un verano increíble en cuanto a lo climatológico en Galicia, pero uno se acostumbra a lo bueno… y no quiere que se acabe.
Os dejo unas fotos de mi playita. En dónde he pasado tardes y tardes y que tanto me apasiona.
Me gustan las fotos, evidentemente las bonitas, claro está. Las fotos que tienen una historia detrás, ya sea por lo que muestran, por lo que dejan intuir o aquellas que precisamente son bonitas por lo que no enseñan. El caso es que hace tiempo que andaba rondando en mi mente la idea de comprarme una cámara, para explotar esa faceta de mi, escondida en algún lugar de mi mente y ayer, después de muchas comparaciones y consejos, me decidí a comprar una cámara réflex. Al llegar a casa hice las fotos de prueba de rigor y el resultado me gusta, lo que pasa es que tiene más botones que la cabina de un avión y me va a costar sacarle el partido que puede dar. He estado buscando en la red y también me ha asesorado un amigo que controla del tema, con el cual quedaré estos días para unas clases prácticas. Confío en que en breve pueda ilustrar mis entradas con alguna foto de cosecha propia. Y ahora, sobre todo en las, ya cercanas, vacaciones, iré acompañado de mi cámara a todos sitios, como un niño con un juguete nuevo. Intentaré aprovechar la luz, el color, los paisajes y las expresiones más curiosas que vea e inmortalizarlas con mi nuevo aparatejo. Ya os iré contando mis progresos.