1 feb 2013
Grey y sus sombras
Una vez hecha la introducción, vamos al tema en cuestión... Al igual que hace un par de años con Stieg Larsson, este verano ha existido un boom tremendo con las "Sombras de Grey" y después de tanto "hype", irremediablemente caí en sus garras.
No tenía ningún prejuicio sobre la obra y nadie de mis conocidos la había leído, así que llegué bastante "virgen" al texto, sin ningún conocimiento más allá de la sinopsis pública. Ahora mismo resulta difícil encontrar a alguien, sobre todo del género femenino, que no haya leído las maravillas de Christian Grey y lo cierto es que me resulta sorprendente.
Reconozco que llego a esta entrada sin haberlo acabado. Me leí los dos primeros del tirón, pero entre el segundo y el tercero me leí dos o tres libros distintos... estaba un poco cansado de siempre lo mismo. Ahora mismo voy por la mitad del tercero y lo cierto es que estoy deseando llegar al final, no por la intriga que me supone el mismo, sino porque quiero quitármelo de encima.
Es plano, en dónde se repiten una y otra vez las narraciones sobre encuentros sexuales, que sinceramente ya no aportan mucho a la historia. Llega un momento en que aburre tanto sexo y sin embargo, a las chicas les encanta. "Unos llevan la fama...."
El caso es que, y por eso llega esto a mi ventana, no entiendo la adoración del mundo femenino por este personaje. Me resulta chocante. Entiendo que se lo imaginen tal y como es descrito en las novelas, como un joven treméndamente guapo, rico, exitoso, etc, etc, la perfección a simple vista.
Sin embargo, este personaje que a simple vista tiene que resultar extraordinario, es un machista asfixiante, dominante, celoso, controlador y un poco psicópata. No entro a valorar sus juegos sexuales, puesto que cada uno en su cama es dueño de lo que hace, sea masoquista, pasivo, guerrero, pasional o todo lo contrario a lo anterior. Todos somos libres para marcar nuestros límites, esa no es la cuestión. Para mi lo extraño del asunto, es que haya tantos comentarios acerca de lo maravilloso que resulta este chico "adorable y romántico"... Acaso a una chica de hoy en día, le gustaría que su pareja la controlase así?, que tuviese que autorizar lo que hace o deja de hacer?, que prohibiese ropa de su vestuario?, etc, etc... yo no querría a un personaje así para mi hija, mi hermana o mi amiga... por muy rico, romántico y atento que pudiese ser el resto del tiempo.
Supongo que mi punto de vista será criticado y que creará polémica, pero sinceramente creo que una personalidad como la del protagonista, no es digna de elogio, no me parece normal que cree tantas pasiones, no lo entiendo....
Lo triste del asunto, es que haya gente que llegue al mundo de la lectura, a través de este tipo de sagas, cuando existen muchos otros libros que tienen mucho más contenido y por no tener una expectación tan grande detrás, pasan de largo para casi todos. Parece que nadie puede resistirse a leer las cosas "de moda", para después dejar el mundo de la lectura otra vez en el olvido.
Hay cosas que a veces me cuesta entender...
25 ene 2011
El egoísmo (II)
La semana pasada tuve una infección de garganta. Me dolía al tragar y no me encontraba bien, en general. Tanto es así que al mediodía me fui para casa, ya que en ese estado me costaba trabajar, me encontraba muy débil y se me cerraban los ojos. Estaba tan atontado porque tenía fiebre, casi 39 y eso hacía que mi estado fuese lamentable.Pedí cita para el médico (me la dieron para dos días después), me fui a comprar Frenadol y me metí en cama. La fiebre me dejó totalmente KO.
Al día siguiente no estaba mucho mejor, pero bueno, gracias al Paracetamol fui combatiendo la fiebre y esperando a mi cita para el médico, que sería ya a la siguiente mañana.
Ante la exposición de los hechos, todo el mundo me dice que soy tonto (toooodo el mundo). Me dicen que tendría que haber ido por urgencias y que así me atendían antes y todo arreglado. Pero a mí me gusta ser cívico y tratar a las urgencias como lo que son, urgencias. Si mi fiebre no hubiese remitido nada, si el dolor al tragar fuese realmente insufrible y no aguantase más, pues sí, lo habría hecho.
No me gusta que la gente abuse de las urgencias para cosas que se pueden resolver en una consulta rutinaria, sobre todo cuando es para ahorrar tiempo. Lo que se consigue es justo lo contrario, colapsar estos servicios y que los casos que más complicaciones tienen, sufran un retraso que bien se podría evitar.
Pero bueno, no es este el tema principal que quería tratar. El tema es el egoísmo.
Llegué a la consulta puntual, tenía cita para las 12.55 y llegué a las 12.50. Me atendieron a las 14.50, es decir, 2 horas después.
A nadie le gusta esperar, a mí tampoco. Sin embargo entiendo el motivo y es que en esta época las consultas están saturadas por causa de la gripe y sus derivados. Además creo que se dan demasiadas citas por médico para cada día y eso provoca que siempre se vaya con retraso.
El caso es que en 2 horas de espera uno convive con aquellos que le rodean en la sala de espera y, por suerte o por desgracia, tiene que oír todas las conversaciones que entre los sufridos “usuarios” se establecen.
No es la primera vez que tengo que oír lo que el otro día tuve la suerte de oír, sin embargo esta vez quería compartirlo con vosotr@s y por eso aquí está en forma de crítica social.
Mientras esperaba en esa aséptica sala, tuve que escuchar cómo la mujer que tenía a mi lado se quejaba de la “petarda” de la doctora, de lo lenta que era. Resulta que los médicos que habíamos tenido con anterioridad eran más ágiles y está “petarda” lo único que hacía era retrasar y retrasar la consulta, de tal modo que nuestras vidas no podían seguir con su normalidad.
Soplidos y resoplidos cada vez que salía un paciente y entraba otro. Quejas y más quejas, que se producían cada vez que salía a llamar a los pacientes y todavía había muchos por delante, con el asentimiento cómplice de muchos de los que allí estaban, mostrando indignación.
¿Se puede ser más egoísta? Resulta que esta mujer, lo que quiere es una consulta tipo, de 5 minutos de duración, prorrogables a 7, en la que cada uno exponga sus problemas, con independencia de si viene a por recetas, un resfriado, un dolor en una pierna o un posible tumor, antes que una consulta de tiempo variable, en función de los síntomas del paciente o las exploraciones que haya que hacer.
Desde mi punto de vista, la doctora que tengo asignada debe de ser una especie en extinción, ya que en función de lo que el paciente exponga, se para y busca el origen, te hace preguntas sobre los síntomas, las exploraciones correspondientes y llega a una conclusión. ¿Acaso no es eso lo normal?

A mí me gusta que me atiendan con eficiencia, con profesionalidad, dando la justa importancia al motivo que me ha llevado a esa consulta. Supongo que a mí y a todos, incluida la “señora de la sala de espera”. Si eso lleva 10, 15 o 30 minutos, debería ser lo de menos.
Creo que falta mucha empatía en nuestra sociedad, ya que “lo nuestro” siempre es lo más importante, lo más grave, lo más urgente y … poco nos interesa lo de los demás, sólo resoplamos….
A esta sinvergüenza de la sala de espera, sería a la primera que veríamos en un juzgado si un médico hubiese, por analizar las cosas con prisa, diagnosticado como una simple gripe, un caso de neumonía, por ejemplo.
Esta sinvergüenza, seguro que cuando entra a la consulta no mira el reloj para medir los minutos que dura su visita.
Esta sinvergüenza, seguro que es de la que se automedica, con las cantidades ingentes de medicamentos que guarda en un armario de su casa.
Esta sinvergüenza, no se ha parado a valorar que la doctora no ha salido de su consulta desde que entró a primera hora de la mañana, ni para ir al baño (no quiero pensar en si fuese fumadora). Que saldrá bastante más tarde de su hora, por ser diligente y profesional con sus pacientes y que además tiene que aguantar comentarios egoístas cada vez que asoma por la puerta. A ver quién es el listo que es capaz de hacer más de 8 horas a piñón en su puesto de trabajo, mientras su único respiro es el instante entre el paciente que sale y el que entra.
Esta sinvergüenza ni siquiera era la paciente… venía a acompañar a su marido (que no dijo ni una palabra, ni siquiera movió la cabeza).
Creo que deberíamos reflexionar y hacer reflexionar a los que nos rodean, porque esta sociedad se está pudriendo.
Mientras tanto, yo seguiré pidiendo citas y esperando a que me toque entrar. Intentaré evitar las urgencias, siempre que no lo sean y me morderé la lengua siempre que me toque al lado la señora de turno…
20 ene 2011
El egoísmo (I)
Esta entrada es la primera parte de lo que voy a llamar “crítica social”, porque hay cosas que me provocan asco y una es el punto al que llega el egoísmo humano.
Todos somos egoístas, en mayor o menor medida. Todos buscamos ser felices y en cierto modo ese es el motor de nuestra vida.
Unos lo consiguen siendo amados, adquiriendo muchas cosas, teniendo más que los demás. Otros justo lo contrario, son más felices cuanto más aman, más dan o más piensan en los demás antes que en si mismos.
Desde mi punto de vista, el fin es el mismo, ser feliz y, cada uno, lo es a su manera.
Yo hablo de otro egoísmo, el que significa pensar en mis “necesidades” antes que en las de los demás, el que no entiende que “la libertad de uno acaba justo donde empieza la de los demás”, ese que lleva a no pensar en los demás, sólo en uno mismo.
Soy fumador, desde hace mucho tiempo, aunque he estado unos años alejado de este vicio. Soy fumador, pero entiendo a aquellos que no lo son. Soy fumador y estoy de acuerdo con la nueva ley.
Si los fumadores fuésemos más respetuosos, más educados, diésemos comprensión con la misma facilidad que la reclamamos, no se hubiese llegado a este punto. A nuestra mala educación, en general, se debe que haya que regular estos temas. Yo estoy de acuerdo… aunque lo sufra.
De todos modos, la entrada no es sobre la ley anti-tabaco, no. Mi entrada es sobre el egoísmo.
No hay mayor imagen para evocar el egoísmo del que hablo, que la que pude ver hace un par de días al llegar a casa, mientras pasaba por delante de la cafetería que tengo al lado.
En esa cafetería, como en la mayoría, últimamente, han puesto un par de mesas en la terraza, para aquellos que quieran fumar. Sólo una, de las dos mesas estaba ocupada.
Eran las 8 de la tarde, habría 5 grados aproximadamente y allí estaba una madre con su niño pequeño, de unos 4 años, embutido en un abrigo, con una bufanda y un gorro, helándose de frío, mientras ella apuraba su cigarro, calmando sus ansias y en paz con el mundo, viviendo su momento de gloria.

¿Hasta tal punto llega el egoísmo humano?, ¿Se puede ser más ruin?, Si la respuesta es que sí, y no hace falta respuesta visto el ejemplo, cada día me avergüenzo más de la condición humana.
Aguántate las ganas, haz lo que quieras, pero al menos piensa en tu niño antes que en ti misma, mala madre.
Hay un viejo refrán que dice: “Dios le da pan, a quien no tiene dientes…”
Continuará….
24 sept 2010
Sobre lo anti
No me gustaba el juego de EEUU, luego soy antiamericano
No me gustaba el juego de España, luego soy antiespañol
Critiqué el fichaje de Mourinho en fondo y forma, luego soy antimadridista
Fui jugador del Real Madrid, luego soy anticulé
Pienso que Claver está verde y Marchena a veces se le iba la pierna, luego soy antivalenciano
Me parece bien que Carlos Suarez vaya al Madrid, luego soy antiestudiantes y antiequipos pequeños
No me gusta la parafernalia militar, luego soy antimilitarista
Abogo por otro tipo de energías, luego soy antinuclear
Recomiendo el uso de anticonceptivos, luego soy anticatólico
Creo que Israel hace de vez en cuando auténticas salvajadas, luego soy antisemita
El pañuelo por obligación en la cabeza de las mujeres me parece discriminatorio y hasta vejatorio, luego soy antiislamista
El llamado “mercado” me pone los pelos de punta, luego soy anticapitalista
Soy del Athletic, luego soy anti-Real
Me sigue gustando Paco González, luego soy anti-SER
Trabajo en la Sexta, luego soy anti-Grupo Prisa
Trabajo en el Grupo Prisa, luego soy anti-Sexta
No soy del PP, luego soy anti-PP
Creo que el PSOE no lo está haciendo bien, luego soy anti-PSOE
Esquío, luego soy anti-snow
No me gustan los toros, luego soy antitaurino
A veces se me cuela un envase en el cubo de la basura orgánica, luego soy antiecológico
Leo El Pais, luego soy anti-El Mundo
Me gusta Messi, luego soy anti-Ronaldo
La globalización tiene sus inconvenientes, luego soy antiglobalización
No soy nacionalista, luego soy anti-nacionalista
Uso Mac, luego soy anti-PC
¿Cómo puedo ser tantas veces anti y no estar loco? Porque resultan indiscutibles todas estas premisas. El que detrás de una crítica, una inclinación o un posicionamiento no vea mala intención, prejuicios y resentimientos hacia las otras opciones es que no comprende nada. Los pros y los contras siempre esconden un anti.
Pues va a ser que no. Cierto que se nos está empujando hacia eso, que las posturas no extremas o contundentes se asocian a la debilidad, que muchas veces nos obligan a tomar partido sin que tengamos intención ni veamos necesidad de hacerlo, pero me niego a ello. Me niego a que de una opinión se saque un tratado, que de una postura se tengan que derivar automáticamente otras muchas.
Dicho esto con la nula esperanza de que todos aquellos ven antis en donde solo hay discrepancias reflexionen sobre lo exageradas, partidistas y ventajistas que resultan muchas veces sus posturas.
17 ago 2010
La arena nos hace iguales
Tirado en la toalla, después de salir de un buen baño, secándome al sol con los ojos cerrados y mientras escucho el sonido de las olas al morir en la arena, las múltiples conversaciones de aquellos que están en la cercanía de mi trozo de arena y mientras noto cómo mi piel se va calentando poco a poco, mientras saboreo la sal que ha quedado en mis labios… sin duda uno de mis momentos favoritos.
Mientras disfruto de estos momentos tan especiales, me incorporo en la toalla y veo alrededor. Es una playa más grande que a la que suelo ir, hay bastante gente, se nota que es sábado y mucha de ella está paseando por la orilla, conversando sobre lo humano y lo divino y sobre vete tú a saber qué.
Viendo a toda esa gente, caminando por la orilla o bien tirados en su toalla, caigo en que todos son iguales. Todos somos iguales.
En bañador o bikini, no hay diferencias entre nosotros, más que las físicas.
Se entremezclan abogados con parados, médicos con panaderos, notarios con mecánicos, estudiantes con profesores… pero a simple vista no se distinguen, todos somos iguales.
Me gusta que la playa nos iguale, elimine las diferencias sociales y nos deje a todos al mismo nivel. Después cada uno se pondrá su ropa de calle, se irá en su coche, que alguno será muy caro, otro será de decimoquinta mano; volverán a sus casas, unas de alquiler, otras serán unos tremendos chalets con 15 baños; unos cenarán en casa las sobras de la comida de mediodía, otros se irán a cenar a un lujoso restaurante costero, pero en la arena… todos somos iguales.
Si en la playa cobrasen entrada, todo sería distinto. Las habría exclusivas, con un precio prohibitivo para que sólo las clases pudientes entrasen. Las habría low cost, para aquellos que buscan el paquete económico y las habría gratuitas, en dónde se refrescaría el pueblo llano o aquellos que no tienen recursos… afortunadamente las cosas no son así y todos, absolutamente todos, tenemos derecho a bañarnos, a nadar, a tostarnos al sol o disfrutar de la lectura debajo de una sombrilla, sin pensar en nuestra condición social, sin darnos cuenta de si el que está al lado leyendo el periódico es un dentista o un desempleado, sin que nadie sea más que nadie, sin que unos estén por encima de otros.
Qué mundo tan distinto sería aquel en el que todos tuviésemos que ir desnudos, sin que por nuestra forma de vestir o por el tipo de prendas que usásemos, nos etiquetaran. Nuestra vestimenta nos clasifica, muestra al exterior mucho de nuestra personalidad, de nuestros gustos, de nuestro trabajo, de nuestras posibilidades económicas… desnudos, eso no existiría. Por eso la playa es un lugar especial, en el cual nos despojamos de muchas de nuestras etiquetas y nos diluimos entre el resto de la gente.
Me gusta la playa, me encanta, allí en dónde todos somos iguales.
20 jul 2010
Yo te doy cremita, tú me das cremita
La pasada semana fui a la playa dos días y fui sólo. Me encanta la playa, me gusta tanto que no me importa ir sólo si tengo un hueco. Me relaja, del agua a la toalla, de la toalla al agua. Un poquito de música, un poquito de lectura y en un par de horas estoy como nuevo, totalmente reactivado.
Fuero dos días de bastante calor y pegando fuerte el sol y claro, hay que protegerse, así que me extendí la correspondiente dosis de crema por mi cuerpo serrano, para evitar quemarme y pasarlo mal, pero este fue un objetivo conseguido a medias, me explico:
Todo mi cuerpo adquirió un precioso tono moreno, un colorcillo, tampoco me puse negro, pero bien, no está mal el tono conseguido. Solo hay un pequeño problema, me quemé. Pero no me quemé de manera uniforme, sino que sólo me quemé en la parte media de la espalda y es que… es muy difícil darse crema a uno mismo en esa zona.
A ver… por los hombros y parte superior de la espalda, con un esfuerzo se puede conseguir. En la zona lumbar, pues también, a poco que uno sea mínimamente hábil. Pero hay una zona, la zona dorsal, creo que se llama, a la que es difícil llegar. No sé si es que tengo unos brazos muy cortos, una espalda muy ancha o que soy poco flexible, pero el caso es que ahí no llego… y me quemé.
El otro día, mientras hablaba con una amiga, salió el tema de conversación y ella me preguntó inocentemente por qué no le había pedido a alguien que me echase crema…
…. A QUIÉN???
Pensadlo bien… si se lo pido a una chica, probablemente ella piense “vaya salido que intenta ligar conmigo y quiere que le sobe”, si se lo pido a un chico, imaginaos lo que pensará… con lo cual las opciones se quedan en:
A.- ME QUEMO
B.- NO ME DOY LA VUELTA EN TODA LA TARDE
Y es que estamos muy influenciados por la sociedad, hay unos clichés tan establecidos, que algo tan normal como ayudar a alguien en una situación en la que lo necesita, pero que requiere de contacto físico, conlleva la duda de las oscuras intenciones que puede haber detrás.
Yo mismo me sentiría raro si un chico viniese y me pidiese que le untase con crema, y desconcertado si fuese una chica… sin embargo… tan raro es??? No debiera, pero es así.
A mi ya se me pasó el enrojecimiento de mi zona dorsal y creo que sin demasiadas consecuencias, pero la próxima vez que vaya a la playa… supongo que me encontraré en la misma situación y me acordaré de mi amiga.
Saludos
