Esta noche nos hemos reencontrado los viejos amigos de la universidad, unos cuantos años después. A algunos no los veía desde hace 7 u 8 años, a otros no tanto, unos meses o un par de años.
Hemos estado en la casa de uno de ellos, como en los viejos tiempos, con unas copas y muchas risas. Por momentos parecía que no había pasado el tiempo y que aquellos chicos con millones de ilusiones y de cosas por hacer, apenas habían cambiado. Por momentos ha sido mágico.
La vida nos ha ido cambiando o nosotros hemos ido cambiando con la vida. Hay dos bodas para el años que viene y me imagino que tampoco tardarán mucho en llegar los niños. Pero lo mejor de todo, es que nos veíamos a los ojos y es como si nos hubiésemos visto ayer.
Ha sido una noche lluviosa, pero mágica, llena de propósitos de no dejar pasar tanto tiempo hasta la próxima vez.
Forman parte de mi vida y yo de la suya y tenemos un pasado en común que comienza muchos años atrás.
Hoy tengo una extraña sensación de nostalgía, que en esta ocasión no me hace sentir triste, sino afortunado por revivir momentos como los de ayer.
Por muchas cosas, esos años universitarios fueron los mejores años de mi vida, no está mal que de vez en cuando pueda darme el gustazo de recordarlo junto a la gente que también compartió muchos de esos momentos.