Hay un dicho que reza “en la ignorancia está la felicidad” y en cierto modo es una verdad como un templo, lo que ocurre es que el ser humano es curioso por naturaleza, le gusta saber, le atrae lo desconocido y por eso disfruta cuando recibe información. Si esa información tiene un componente de secretismo o de confidencialidad, mejor que mejor, más interesante nos parece.
No me considero una persona cotilla. Me importan, más bien poco, los problemas domésticos, económicos, sentimentales o de alcoba de los demás, ya sean famosos, famosillos, anónimos o vecinos del piso de arriba. La mayoría de las veces me entra por un lado y me sale por otro, en algunos otros casos puedo soltar un “hay que joderse”, pero poco más.
Suelto todo este rollo porque el asunto de Wikileaks está de actualidad latente y a mí me da mucho que pensar la reacción que provoca en la gente.
Son muchos los que opinan que tanta transparencia es buena, que favorece el desarrollo de una sociedad democrática, para que los asuntos del poder no se presten a las más oscuras maquinaciones, en las que todo vale.
Por otra parte, otros muchos opinan que esas cosas es mejor no conocerlas, no saber cómo se cocinan estos asuntos, ya que eso perjudica a los “cocineros” en su labor y el fin que se persigue puede verse comprometido por las formas que se emplean en su búsqueda.
Me parece un debate muy interesante, en el que los argumentos de ambas partes tienen fundamentos sólidos para imponerse sobre la opinión contraria. Ni yo mismo tengo muy claro el bando en que posicionarme.
Para poner un ejemplo tonto, recurro a los padres (Estados), a los hijos pequeños (Ciudadanos) y los regalos de navidad (asunto peliagudo):
Los padres manejan un asunto importante para los hijos, con el mayor de los sigilos, conspirando en las fechas previas para lograr el éxito en la misión (Los regalos de reyes). Los hijos que algo sospechan, por lo que le dicen sus compañeros del cole, porque las cosas no cuadran mucho (hay que ver la de casas que visitan estos reyes magos en una sola noche!), porque ven los regalos en las grandes superficies y a padres llevándoselos en sus carritos de la compra….
Para esos niños pequeños, lograr descubrir la verdad que existe detrás de esto de los reyes magos o de Papá Noel, es un reto, les intriga y quieren descubrir qué hay más allá de las explicaciones paternas… y cuando lo logran y les pillan con las manos en la masa… es un momento de triunfo, de gran satisfacción por ser más listos que el hambre…. Pero a los 5 segundos se dan cuenta de que eran mucho más felices pensando en la magia, los magos, los renos, las barbas blancas, los calcetines en la chimenea y en esa ilusión que año tras año les hacía vivir estas fechas con emoción….y que nunca más volverá del mismo modo.
Yo descubrí que no existían los reyes magos a los 5 años…. Ojalá hubiese sido mucho más tarde…..